El voto no negativo llegó para quedarse

La massista Katia Blanc, autopercibida peronista, fue blanco del fuego amigo por su voto no negativo para suspender las Paso 2027,

Por Darío Zarco |

“Los peronistas somos como los gatos, cuando parece que nos estamos peleando, en realidad nos estamos reproduciendo”, dijo el General. Y el vulgo, por default, interpretó que se refería a la virulencia de estos felinos para copular. Pero, a la luz de los últimos acontecimientos (varios) parece que hablaba de esa característica habilidad natural para caer parados desde cualquier altura.

La bolsa de gatos que fue el peronismo en la previa de las elecciones provinciales de 2025 está intacta.

Capitanich era un pez afuera del agua, venía de perder la gobernación por un gol olímpico: el candidato al que había forreado toda la campaña, le había pasado el trapo en primera vuelta, algo inimaginable para un tipo domiciliado en el poder.

Su única tabla de salvación era el verso del “peronismo unido” clamando por él, pero los peronistas clamaban autocrítica y renovación, un eufemismo para endosarle la derrota y considerarlo un obstáculo para la vuelta al triunfo.

Él se resistió y archivó las urnas de las internas bajo 7 llaves. “Las urnas están bien guardadas, diría otro General. Apenas iniciado el año electoral, prohibió a los peronistas elegir autoridades partidarias y candidatos a diputados provinciales y nacionales, y senadores. Y no se privó de nada: prorrogó su mandato convirtiéndose en presidente de facto del PJ y se puso primero en todas las listas.

Pero el dedo de siempre le había quedado corto: Magda Ayala, la intendente reelecta de Barranqueras, el mayor municipio peronista, y el diputado Atlanto Honcheruk, presidente de la bancada opositora, lanzaron Primero Chaco decididos a pelear la interna, por las buenas o por las malas, y pelearon nomás..

Ínterin, Katia Blanc, que había aflorado desde el peppismo , previo paso por el gustavismo, se afincó en el massismo, y debutó como interventora del Frente Renovador firmando su incorporación a Primero Chaco y se probó un saco de candidata a diputada provincial detrás Magda y Pepe.

Capitaních debía atravesar ese Tríángulo de las Bermudas con un rumbo que recorría su línea de flotación de punta a punta. Su instinto de supervivencia lo llevó a un entongue con Sergio Massa, a quién el mismísimo Mauricio Macri apodó “Ventajita”, y el kirchnerimo ninguneaba llamándolo “Massita”.

Producto de esa rosca, con la unidad del peronismo como coartada, Katia pasó, sin tambalear, del tercer lugar de la lista anticoquista al cuarto en la del coquismo. Si alguien iba a salvarse, era ella.

Sus nuevos compañeros la recibieron con las puertas del PJ abiertas de par en par.

Todo fue en vano: la lista encabezada por Capitanich perdió la general contra candidatos que él mismo definió: “No los conoce nadie, ni yo los conozco”. Y también perdió la interna: Primero Chaco se quedó con 2 de las 8 diputaciones que el peronismo puso en juego.

Pero como no está muerto quien pelea, le chafó los porotos a Primero Chaco y cantó: “16 a 16”, o sea: “empate”, lo para él significaba “ganamos”, porque con esa paridad planeaba hacer hocicar al gobierno de Zdero.

Pero no siempre 2+2 es 4. Y un rato después Primero Chaco se sentó con una banca en cada mano a repartirse la torta con él y le arrebató una candidatura a senador.

Vulgarmente se dice que “cuentas claras conservan la amistad, pero a veces el pueblo también se equivoca, y esto quedó vastamente demostrado en sólo 2 sesiones: mientras con una mano el coquismo de pedigrí etiquetaba como “traidor a Honcheruk por votar alguna iniciativa en línea con el oficialismo, con la otra, toda la bancada votaba la Ley de Reiterancia después de defender con uñas y dientes la aceitada puerta giratoria , y tras cartón salió como por un tubo la suspensión de las Paso 2027 gracias al quórum y el voto no negativo de la diputada que Capitanich fue a buscar al Massismo justamente para ganar la interna del PJ.

Después de la Ley de Reiterancia intentaron infructuosamente camuflar el ridículo, vendiendo como un glissade la tropelía que dejó la vara por el piso, y por ahí pasó Katia, no quedó ningún cerco para saltar.

En medio de este frenesí, La verdad es que la diputada no dio quórum simplemente se sentó a calentar silla, haciendo uso del mismo derecho que los demás, que tampoco hicieron demasiado para estar ahí.

Y el voto no negativo todavía es materia de investigación, no se sabe si levantó la mano para decirles “chau” a ellos cuando se mandaban a mudar o para pedir un vaso de agua; de esos que no se le niega a nadie.