

Por Darío Zarco |
La mayoría de los diputados opositores le dieron la derecha al gobernador Leandro Zdero. Estaban en rotundamente en contra de su proyecto de Ley de Reiterancia pero, en la precisa, lo disimularon muy bien. A la hora de votar, 11 de los 16 lo hicieron a favor. Vinieron a ponerle freno al gobierno pero terminaron subiéndose y yéndose a fondo con él.
De los 5 restantes, sólo Tere Cubells votó en contra, Rodolfo Schwartz y Beatriz González camuflaron su postura con la abstención, y Benítez Molas y María Flores eligieron no elegir y directamente pegaron el faltazo.
Se autopercibían detractores: “La reiterancia ya existe”, era la idea central de ss encendidos discursos, en alusión a las prerrogativas que el artículo 289 del Código Procesal Penal confiere por el momento a los jueces, evidenciando serias dificultades de comprensión de texto.
La iniciativa proponía una modificación clave: sacarle la llave de la puerta giratoria a los jueces, imponiendo requisitos taxativos para la prisión preventiva, marcándole la cancha al garantismo.
“Ni en el oficialismo hay consenso, presentaron 4 proyectos”, coreaban en la prensa, pero un ratito después hasta ellos estaban de acuerdo.
“Dime que no, pensando en un sí”, cantaría Arjona salivando su libido.
Con adversarios así nadie necesita aliados. Un Cobos 2008 diría: “Mi voto no es negativo”, pero el tipo tuvo dignidad, se naantuvo, antes y después estuvo del mismo lado.
Breve manual
La misión de los legisladores es dictar leyes. En ese metier, debaten, fijan su postura, a veces argumentan, y después votan: los que están a favor votan a favor, y los que están en contra, en contra. De otro modo, todo lo anterior no tiene sentido, ni ellos.
Si los votos afirmativos son más que los negativos, como en este caso, la ley resulta aprobada, y si fuera al revés, es rechazada.
Parece sencillo, y en Salita de 3 es así. Pero, evidentemente, nunca está dicha la última palabra: Afirmativo.








