Vilelas: el hombre muerto en el río era un homicida inimputable por demencia

El hombre que apareció muerto en el río es Rafael Antonio Gilardi, bonaerense de 51 años. En 2004 cometió un aberrante crimen pero fue declarado inimputable por una patología psiquiátrica.

El mediodía del lunes pescadores encontraron el cuerpo de un hombre flotando en aguas del río Paraná en zona de Las 5 Bocas, al sur de Puerto Vilelas, y dieron aviso a la Policía y Prefectura.

Una embarcación de la División Patrulla Fluvial extrajo el cadáver que fue trasladado al Instituto de Medicina y Ciencias Forenses del Poder Judicial para determinar fehacientemente la causa y la data de la muerte, y procurar su identificación.

Peritos de la Policía y la Justicia relevaron huellas dactilares que al ser cotejadas con los registros del Sistema de Gestión Biométrica, permitieron determinar que se trata de Rafael Edgardo Gilardi, de 51 años, domiciliado en la provincia de Buenos Aires.

Según reportó la Policía del Chaco, no registra antecedentes. Sin embargo, el 19 de marzo de 2004 asesinó a un comerciante a sangre fría, y sin mediar motivo aparente. Entonces tenía 30 años.

Ese día llegó a bordo de su Suzuki Grand Vitara y compró en el local un cabezal para riendas de caballo y se fue. Pero un rato después volvió raudamente, dejó la camioneta mal estacionada y con las puertas abiertas, e irrumpió blandiendo un pistolón calibre 14 al grito de “yo te voy a enseñar” y “esto se va a terminar”. El titular del lugar: el ingeniero agrónomo Rubén Stribing, de 48 años, casado y con 4 hijos, se dispuso a atenderlo pero Gilardi le disparó en el abdomen.

La víctima cayó al suelo y el agresor, inmediatamente, tomó un cuchillo, se lanzó sobre él, lo degolló y finalmente le clavó el cuchillo en el pecho. Esto ocurrió delante de varios testigos.

Después intentó agredir a empleados, clientes y vecinos que acudieron alertados por la detonación y los gritos. Estos escaparon y él los persiguió por la calle, pero nunca escapó del lugar. Se tomó un tiempo para escribir con sangre en la puerta la sigla “VI”, se cree que aludiendo a Virginia, una dependiente del comercio de quien se dijo que estaba enamorado.

Cuando llegó el patrullero recién se aprestaba a subir a su vehículo. Se resistió pero fue detenido.

2 años después, la Justicia lo declaró inimputable. Los peritos psiquiatras determinaron que padecía una patología que le impedía comprender la criminalidad de sus actos y dirigir razonablemente sus acciones. Le diagnosticaron “psicosis delirante o paranoia con marcada disonancia afectiva”, y concluyeron que el horrendo crimen cometido no alteró su conciencia.

En aquel momento estaba alojado en la Unidad Neuropsiquiátrica del Penal 10 de Melchor Romero, y se dispuso que continuara ahí, recibiendo tratamiento para su afección mental, hasta tanto se compruebe que está en condiciones de continuar con la atención de manera ambulatoria.