Tierra de nadie: inseguridad y narcomenudeo crecen de la mano en el barrio Ucal de Barranqueras

La inseguridad se tornó moneda corriente en el barrio Ucal, en Barranqueras. La ola de robos no tiene freno.

El barrio Ucal, en Barranqueras, fue noticia en los últimos meses por la facilidad con que se inundaba ante precipitaciones que en otra época no generaban mayor inconveniente.

Pero ese no es el único problema del barrio que hace un buen tiempo perdió la calma que lo caracterizaba: la inseguridad avanza a paso sostenido sin que las autoridades arbitraran medidas para revertir la situación.

Los delitos contra la propiedad se multiplican exponencialmente, desde atracos a ciclistas y motociclistas para despojarlos de sus rodados, hasta el ingreso a domicilios particulares con fines de robo de cualquier objeto que encuentren a su paso.

Los vecinos ya comenzaron a resignarse y ni siquiera atinan a denunciar porque no hay antecedentes de algún episodio esclarecido. Incluso personal de la Policía del Chaco que reside en el barrio y fue víctima de algún episodio de inseguridad, obvió formalizar la denuncia que se presume correspondiente.

Varios sufrieron hasta 10 robos en lo que va del año, pero no supieron de ningún delincuente detenido, ni pudieron recuperar sus bienes sustraídos. La falta de resultados positivos es observada con suspicacia por quienes no sólo dudan de la aptitud del personal policial sino también de su honestidad.

Ni la Primera ni la Segunda

Históricamente, Ucal estuvo comprendido por la jurisdicción de la Comisaría Primera, pero sus autoridades alegaban que el barrio distaba demasiado de la unidad, lo que impedía acudir y dar respuesta a tiempo ante alguna denuncia, además de que la disposición de la cuadrícula impedía patrullar con asiduidad.

Por esta razón, el Ministerio de Seguridad y la Jefatura de Policía decidieron transferir la competencia a la Comisaría Segunda, ubicada en el mismo barrio, sobre la avenida 9 de Julio. Pero este cambio aún no reportó ningún beneficio en la materia.

La respuesta sigue siendo la misma: están desbordados y los medios con que cuentan: logística y personal, son escasos.

Un laberinto

A esta escases se suman pocos accesos francos y la complejidad de la trama urbana, compuesta por sectores con calles y pasajes ortogonales y otros con diagonales, muchos de ellos sin denominación, identificados simplemente como “calle interna”, definición heredada de cuando el predio era propiedad de la Unión de Cooperativas Algodoneras Limitada, de la que proviene su nombre. Esto hace que los domicilios deben identificarse por manzana y parcela, y en la gran mayoría de los casos el damnificado deba enviar “ubicación” a través de WhatsApp para orientar al patrullero.

Se tiran la pelota

En el ámbito institucional, la Policía y la Justicia se endosan responsabilidades recíprocamente. La Justicia apunta a la falta de medidas de prevención y errores en los procedimientos o la insuficiencia de elementos probatorios, y la Policía señala a las Fiscalías como la puerta abierta para que los delincuentes vuelvan rápidamente a las calles.

Un tercer actor clave es la Legislatura: en este momento se debate un proyecto de Ley de Reiterancia pero la falta de acuerdos entre el oficialismo y la oposición dilata su aprobación.

Mientras tanto

Mientras, toda la barriada está expuesta a la inseguridad, en manos de “plagas”, “chorizos”, “ratas” y ahora también “caminantes”, que merodean permanentemente en busca de una oportunidad para hacerse de algo útil con lo que pagan los estupefacientes en quioscos narcos de las inmediaciones, incluso del mismo barrio. Justamente, los corrillos aseveran que el narcomenudeo que avanza aceleradamente en la zona empuja la ola de robos.