Último adiós al sistema educativo chaqueño

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El gobierno de Capitanich comenzará el desmantelamiento definitivo del sistema de evaluación de la escuela secundaria tras el receso invernal.

Por Darío Zarco |

Chaco lleva varias ediciones obteniendo los peores resultados en las pruebas Pisa y Aprender, demostrando la consolidación del fracaso educativo hasta el analfabetismo. Ya no hay diferencias entre niños y adolescentes escolarizados y los que jamás pisaron una escuela.

Con total naturalidad y dentro de los parámetros evaluativos oficiales, egresan multitudes de chicos que a duras penas pueden deletrear y escribir su nombre.

La explicación es sencilla: el gobernador Jorge Capitanich nunca se propuso mejorar la educación, sino sólo las estadísticas.

Y para empezar prometió erradicar el analfabetismo en su primera gestión, pero ya va por la tercera, más los 4 años de Domingo Peppo, entre paréntesis, y la situación es cada vez peor.

Con el afán de revertir las estadísticas, desmanteló íntegramente el sistema educativo: eliminó las inasistencias, las sanciones disciplinarias, las calificaciones “bajas” y la repitencia. Ahora, sin que mediara más que su antojo, se terminó la deserción, todos tienen asistencia perfecta, conducta ejemplar, excelentes notas y la promoción asegurada.

Pero en Lengua no saben leer de corrido ni escribir al dictado y en algunos casos ni copiar del pizarrón. Ni diferenciar imprenta de cursiva, ni oración de párrafo; ni usar signos de puntuación, ni clasificar palabras por su acentuación, ni separar en sílabas; ni medio abecedario. Y ni hablar de conjugar verbos y analizar oraciones.

En Aritmética es muy difícil llegar a las 4 cifras, no hay operaciones con decimales y ya casi no hay operaciones; no saben cada cuántas cifras va el punto, escriben los números como suenan aunque les suenen mal. Fracciones, potencia y raíz cuadrada son de otro planeta. Y las funciones que tanto le gustan al Gobernador no aparecen ni en la imaginación.

En Geometría les cuesta diferenciar cuerpo y plano, por ende, no pueden calcular volumen y superficie.

En Geografía se confunde ciudad, provincia y país y no reconocen al Chaco en un mapa de Argentina.

Y las asignaturas sobre historia y política son más difíciles para quien no sabe leer y, en vez de recuperar terreno perdido, retrocedimos un poco más remplazando los libros de texto por cuadernillos militantes con dibujitos para captar el voto joven.

Con este modelo prácticamente en vigencia, sin capacidad para revertir los resultados y sin humildad para admitir errores, Capitanich y sus asesores idearon el Congreso Pedagógico, cuyas conclusiones fueron redactadas mucho antes de ser convocado. Su única finalidad fue involucrar a los docentes para diluir la responsabilidad del gobierno en el fracaso.

La pandemia impidió su realización, pero no su implementación, y la cuarentena con las escuelas cerradas y vacías fue la síntesis perfecta de la realidad educativa de nuestra provincia.

Pero hay más.

Ahora comienza la abolición definitiva de la escuela secundaria, sintetizada en la Disposición 161 que el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología presenta como una construcción colectiva de la comunidad, aunque casi la totalidad de los docentes repudia lo dispuesto.

A partir de ahora “aprobar” es “acreditar”; “asistir” es “participar”, “asignatura” es “unidad pedagógica”. Desaparecen los docentes como tales para integrar un laxo “equipo de enseñanza”. Desaparecen los trimestres, cuatrimestres, semestres, y ya no hay exámenes, “mesas”, ni “previas”.

Para cursar segundo año no es necesario “acreditar” materias de primero y es suficiente con el 70 por ciento de “participación” presencial o virtual.

Para cursar tercero no es necesario aprobar segundo, alcanza con el 50 por ciento de primero.

Para cuarto, sólo se requiere el 70 por ciento de primero y segundo.

Pero para quinto ya no hay requisitos. Los equipos de enseñanza deben “adecuar planes” para que todos los alumnos promocionen el 30 por ciento pendiente de primero y segundo, más el 50 por ciento de tercero, más el 100 por ciento de cuarto; y, obviamente, el 100 por ciento de quinto año.

Desaparecie los límites. Un alumno podrá arrastrar Matemáticas durante 5 años y aprobar por decisión de cualquier integrante del plantel educativo, sin importar su especialidad, el día de la despedida de la Promo.

Traducido: la Secundaria se convertirá en una Escuela de Verano donde un alumno podía aprobar el año completo con sólo pasar a saludar un ratito.

Esto va a contramano de la desesperante decisión del Gobierno nacional de extender una hora las clases en las escuelas primarias para que al menos los chicos aprendan al menos a leer, escribir, sumar y restar.

En Chaco, en vez de 5 horas semanales más, podrían ser 25 menos si el alumno faltara toda la semana. La Nación también habla de entre 180 y 190 días de clase. Acá podrían ser muchos menos, incluso 0 (cero), sin que eso representara una situación extraordinaria.

Parece contradictorio porque es contradictorio.

Definitivamente, cuando creíamos que después de pendiente de 12 años el sistema educativo había tocado fondo, el Gobierno dicta “políticas” para enterrarlo un poco más: sigue cavando.

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