El sueño del tren bala viaja a 40

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El tren bala de Néstor y Cristina debía pasar a 300 km/h por Cañada de Gómez, pero nunca arrancó.

Por Darío Zarco |

El ministro de Economía: Sergio Massa, considerado por estas horas virtual presidente de la Nación, y su ministro de Transporte: Alexis Guerrera, llevaron a Alberto Fernández a Santa Fe para inaugurar un ramal ferroviario que ya existía en la época de Eva Perón.

Alberto dijo que el peronismo, empezando por Perón y Evita, siguiendo por Néstor Kirchner, Cristina Fernández y él mismo, defendió y defenderá a muerte los ferrocarriles como conexión vital y motor del progreso de los pueblos.

Se olvidó de otro peronista pura sangre: Carlos Saúl Menem, que el año pasado murió de viejo, apoltronado en el Senado, acorazado por sus partidarios para evitarle la cárcel a la que había sido condenado por corrupción.

Menem gobernó más de 10 años al hilo. Su política ferroviaria basada en la máxima “ramal que para, ramal que cierra (y el que no cierra se privatiza)”, dictada en el arranque de su primera presidencia, signó la suerte del ferrocarril en nuestro país.

Desde entonces hubo sólo espasmos infructuosos para reactivarlo mientras los camiones le ganaban por paliza la carrera a los trenes, encareciendo el flete, rompiendo rutas y reventando de gordos los bolsillos de la mafia sindical.

Alberto recordó que el ramal refaccionado fue licitado en 2015 por Cristina, pero que a Mauricio Macri, que la sucedió, no le importaban los trenes y simplemente anuló de cuajo la licitación. Pero afortunadamente llegó él y la devolvió a la vida.

Los sobres de aquella licitación se abrieron el 20 de abril de 2015. La obra debió comenzar un mes después pero nunca comenzó. Mientras, Alberto iba y venía por canales de TV denunciando que las licitaciones eran excusas para meter la mano en la lata.

Macri creyó tener una buena idea: estratégicamente, priorizar las vías en las zonas productivas menos conectadas y orientarlas lo más directamente posible hacia los puertos para aceitar el ingreso de dólares por exportaciones agropecuarias.

Eso, a Chaco le sumó la reactivación de los ramales Belgrano Cargas en el sudoeste, y le restó el C3 a Barranqueras, casi nada considerando que entonces el puerto apenas se movía por falta de calado y ya lleva varios años parado por la misma razón.

En su momento hubo pataleos pero al final hasta el gobernador Jorge Capitanich le dió la derecha a Macri, quizás porque la obra le abarató el transporte a la compañía AGD, presidida por el exsenador peronista Roberto Urquía y, además, aportante del Frente de Todos.

Lo de Macri, basado en la participación público privada (PPP), no funcionó. La inestabilidad económica acobardó a los inversores. Y está demostrado que el Estado por su cuenta no puede hacer demasiado.

Una prueba de ello es justamente el ramal Rosario-Cañada de Gómez, que originalmente debía ser reconstruído a nuevo hasta Tortugas, pero la obra se acotó al recambio de durmientes y rieles apenas para evitar descarrilamientos a 60 kilómetros por hora.

Disperso, Alberto también omitió el mayor hito de nuestra historia ferroviaria: el tren bala para unir Buenos Aires-Rosario-Córdoba a 300 kilómetros por hora, y que debía pasar por la estación de Cañada de Gómez donde dio su discurso.

El primer tren eléctrico de alta velocidad de Latinoamérica fue ideado por Néstor y su secretario de Transporte: Ricardo Jaime, preso por corrupción. Fue licitado por Cristina Fernández en 2008 por unos 4 mil millones de dólares. Y debió ponerse en marcha en 2011, pero al final sólo fue una maqueta, un trencito de juguete en una vitrina.

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