Represión: la culpa no es del chancho

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Capitanich y Acuña, su nuevo Olivello.

Por Darío Zarco |

Los que pedían la renuncia de Olivello debían pedir la de Capitanich, el padre de la criatura.

Capitanich consideró que para “una mejor organización y funcionalización del Ministerio de Gobierno y Trabajo, resultaba pertinente la creación de la Subsecretaría de Prevención y Seguridad en Abordaje Territorial”, para “asistir al señor ministro Juan Manuel Chapo, en los asuntos referentes a fortalecer los procesos que propendan al sostenimiento y consolidación de las instituciones democráticas en su función de garantizar la paz, la seguridad y el desarrollo de la sociedad, garantizando el pleno ejercicio de los derechos y garantías constitucionales por parte de los habitantes de la provincia”. Y que para eso no había otro como Olivello.

Chapo fue el depositario de la Subsecretaría contranatura: Prevención y Seguridad, en Gobierno, lejos del Ministerio de Seguridad, y a las órdenes de un sargento que había sido castigado de todas las formas posibles: suspendido, desplazado, trasladado… por el jefe de la Policía: Ariel Acuña, en su anterior jefatura.

Sentó jurisprudencia: pidió a la jueza María de las Mercedes Pereyra una cautelar que prohíba grupos de más de 5 personas 5 cuadras a la redonda de la Casa de Gobierno para evitar contagios de coronavirus, y carta blanca para que el flamante subsecretario reprima dentro de las 4 avenidas sin tanta burocracia. Le puso la Policía en la mano.

La jueza fundamentó su resolución en los decretos de emergencia sanitaria de Capitanich y Olivello fundamentó la represión en la resolución de la jueza y en el mandato de Capitanich de “velar por la salud de los chaqueños”.

Los que creían que Coquí era incapaz de reprimir, ahora le tienen fe.

El día menos pensado Olivello (también el menos pensado) entró por la puerta grande del Gobierno que se hacía pasar por abanderado de los derechos humanos.

Los, las y les que no querían milicos en las calles tuvieron uno en la calle Marcelo Torcuato de Alvear al 145, y por la Mitre acogotando a una funcionaria, y después por todo el barrio corriendo gente con un carro hidrante, a los palazos, meta tiros.

No dijeron ni pío. Se empacharon de sapo. Cualquier cosa menos buscar “otro laburo”. A Cristina no le gustará.

La sola idea de designar a Olivello fue una DDJJ de fracaso de la política y de los políticos. El plan fracasó. Todo fracasó.

La mano dura para amedrentar manifestantes los entusiasmo, más y más. Y a los opositores de Capitanich se sumaron los de Olivello con varios diputados del mismísimo Frente Coquista.

Olivello fue convocado para resolver a palazos un “problema” político que, paradójicamente, fue causado por el tipo que lo convocó, y que al final lo echó al convertirse en otro problema, también político y aún mayor.

Capitanich decretó que lo echó en respaldo a la Policía y dio una vuelta olímpica por las comisarías de la zona roja piquetera. Le mintieron: la Policía banca a Olivello hasta la idolatría, lo tiene allá arriba, sentado a la derecha del garrote.

Pero, desahuciado y todo, Olivello ganó. Policía casi raso fue la principal figura política del Gobierno y en un subir y bajar de tonfa se convirtió en un señuelo electoral.

Chiquititos quedaron los Juanmanueles del Gobernador: el ministro Chapo, garante político del plan, y el diputado Pedrini, que sacó copia de su formulario discursivo para defenderlo.

Pero Capitanich no se rendirá tan fácilmente.

El modelo terminado es un Juan Carlos Bacileff Ivanoff “El Malo”. No es fácil. Bacileff es auténtico, tiene lo que hay que tener (dice el vulgo), mientras él sería algo así como un Bacileff de La Salada que se rompe fácil, aunque roto también se usa.

No lo van a creer, pero la represión no era el objetivo, sino apenas un método para despejar de piquetes la puerta del año electoral. Pero Capitanich, saliendo apurado de una urna para entrar a otra, no la vio.

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