Periodismo: construcción o demolición

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Por Darío Zarco |

El Día del Periodista a uno se le da por ser autorreferencial.

Lo mío con el periodismo fue amor a primera vista. Mi vocación nació cuando descubrí que si fuera periodista, en vez trepar a un andamio, estaría sentado en una computadora, con aire acondicionado.

Me senté. Jugué al Buscaminas y al Solitario. Y con el mismo teclado fui desde mis primeros pininos de redactor hasta la Dirección.

Me levanté cuando el dueño del medio concluyó que el verdadero objetivo de la prensa es la pauta del Gobierno, y su deber: «chuparle la pija y el culo al poder«. Supuse que sería en sentido figurado, pero eso no cambiaba las cosas.

Así me enteré que no sabía nada de sexo oral, porque hasta ahí hubiera jurado que ya se la estábamos chupando, y encima gratis.

Me tentó pensar que ser periodista era más cómodo que ser albañil, pero que aún en verano la dignidad de un albañil vale más que un aire a 18°. Pero me resistí.

Volví a casa. Mi hija dormía. Tenía 3 años y ya sabía que su papa “trabaja con las noticias” y no valía la pena despertarla para contarle que habían cambiado los planes.

Esa noche encendí mi propia computadora, convencido de que el periodismo es por amor, que hacerlo por plata ofende a la prostitución.

De vez en cuando la apago y subo al andamio. A veces es una experiencia recomendable. Desde arriba todo lo peor se ve mucho mejor.

No hay refacciones ni otros términos medios. Si el periodismo está en construcción o en demolición es gracias a nosotros o culpa nuestra.

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