Las zapatillas no se comen

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Por Darío Zarco |

Te cansaste de gritar: “Algunos dicen que el pavimento no se come, pero el pavimento es progreso, desarrollo, conectividad, iluminación, desagües, seguridad” y blablablá; que pavimentar es lo mejor que nos puede pasar (después de vos).

El bárbaro que dijo eso fue el ministro de Desarrollo Social de la Nación: Juanchi Zabaleta, en su tiempo de intendente de Hurlingham, para criticar el pavimento incomible de Macri. Y otros como vos lo repitieron hasta que llegó tu food concrete mixer.

Vos y Zabaleta tenían razón: el pavimento no se come. Al pedo no te mandó cientos de millones de pesos para comprar votos con comida, a camionadas, a pesar de haber batido todos los récords de hormigonadas habidos y por haber.

Afortunadamente, después del pavimento viene el combo de elecciones y clientelismo. Hoy, gracias a vos, los chaqueños y las chaqueñas pueden esperan un bolsín de mercadería sobre una calle pavimentada recientemente inaugurada en campaña.

Pero a pesar de que el pavimento se extiende a una velocidad inusitada, todavía tiene que tomar mucha sopa para hacerle fuerza a los índices de pobreza e indigencia del Chaco, que lo miran desde lo más alto del podio en la competencia nacional.

Gracias a la conectividad pavimentada recorriste la provincia sembrando tarjetas Alimentar para cosechar votos. Pero hasta las Paso no te rindió. Y volviste para exigir gratitud, porque hay que ser agradecido cuando se recibe un paquete de arroz.

El 60 por ciento de los chaqueñitos y las chaqueñitas no tienen qué comer. Ergo: no crecen como el negocio del cemento, y mucho menos te atajarán un penal en un flamante playón deportivo de concreto.

Y no te importa si están descalzos porque ¿las zapatillas no se comen?

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