La seguridad también colapsó

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Por Darío Zarco |

Josué Lago fue fusilado en plena vía pública en medio de un operativo policial en General San Martín. Los vecinos que lo vieron caer señalan a la Policía.

El mismo gobernador Jorge Capitanich adhirió a la versión. Lo hizo un día después. El tiempo que le demandó urdir una treta para sacarse el muerto de encima.

Muy a lo Capitanich, con el autobombo que lo caracteriza, arrancó elogiándose la Ley de Seguridad Pública sancionada en el inicio de su segunda gestión, que ahora llama militantemente “Democrática”.

El autor de la ley no es él sino el “especialista” Marcelo Saín, a quien le compró un enlatado genérico que dice “Chaco” pero podría decir Río Negro, San Juan, Tucumán, Misiones, Jujuy, Tierra del Fuego o cualquier otro distrito.

Con la reciente vuelta del peronismo a Santa Fe, Saín desembarcó como ministro de Seguridad pero fue echado después de confesar: “Me chupan un huevo, la verga, la chota los santafesinos, los rosarinos, los de Reconquista, todos…”. “Son unos pueblerinos del orto, menos mal que Dios atiende en Capital Federal”. “Yo soy de Primera A, ustedes son de la D”.

Pero la ley no sólo no fue pensada para el Chaco sino que ni siquiera se cumplió. La “democratización” de la estructura de seguridad fue un tiro por la culata. Tanto que Capitanich fue a poner un civil al frente de la Policía y volvió con un comisario para su gabinete.

El último sábado volvió al digesto para recordar que la ley prevé la creación de la Defensoría Policial, para la que acaba de llamar a concurso pero sigue vacante, según dijo: porque los aspirantes no cumplimentan los requisitos.

Acto seguido, cambió de bando y adelantó su veredicto: “La Policía no puede permitir que uno de sus integrantes cometa semejante barbarie”, dijo, intentando convertir la cuestión en el típico “hecho aislado”, personalizando su sentencia para sacarse el sayo.

Y dijo que el Gobierno irá a fondo para esclarecer el caso. Que para eso instruyó a la Secretaría de Derechos Humanos y Géneros constituirse en querellante contra la Policía. Una alevosa maniobra de encubrimiento, una aberración jurídica que lo pone de ambos lados del mostrador.

¿Cómo puede el Gobierno ser imputado y a la vez considerarse damnificado y convertirse en acusador? ¿Qué hará la Secretaría de Derechos Humanos si la investigación descartara el Plan A y llegara hasta el Gobernador a quien debe rendirle cuentas?

Al final de su segundo gobierno, horas antes de asumir como intendente, transfirió a la Municipalidad de Resistencia una veintena de móviles que la Policía Federal acababa de donar a la Provincia. Creó su propia Policía en formato de propaganda política.

Está convencido de que la seguridad se resuelve por decreto. Para la popular compra patrulleros, pinta comisarías, y profesionaliza la Policía imprimiendo inverosímiles certificados de capacitación.

Hace apenas unos días una anciana del barrio Central Norte de Resistencia, en jurisdicción de la Comisaría Primera Metropolitana, sufrió un infarto luego de un robo que alcanzó a describir a los vecinos. Con una rapidez pasmosa el fiscal desacreditó la versión de la víctima.

Los policías llegaron tarde, a bordo de un patrullero maltrecho, prestado por la Quinta. La Primera, la mayor comisaría de la provincia, llevaba varios meses a pie, lo que dejó su zona completamente liberada.

Automáticamente se disparó el instinto de supervivencia: para demostrar que la seguridad estaba garantizada, esa noche desplegaron un “operativo”, un circo que arrancó su show exacta y miserablemente frente a la casa de la anciana muerta.

Lo que ocurre en San Martín, muertos más, muertos menos, puede ocurrir en cualquier lado, en todos lados. Porque la inseguridad no se combate exclusivamente reprimiendo las consecuencias, sino, y fundamentalmente, abordando sus causas.

El objetivo suena improbable para un gobierno que celebra más repartir planes sociales que educar y generar empleo. En una provincia donde un trabajador docente cobra menos que su alumno desocupado.

Pero la realidad es distinta vista desde la Casa de Gobierno, rodeada de rejas, Infantería, blindados y carros hidrantes.

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