Dos visiones

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Por Mariano Moro |

Sabemos que la realidad en realidad es resultado de las interpretaciones, del contexto, de la propia subjetividad, síntesis no hay una realidad sino muchas. Al decir “la única verdad es la realidad” lo que decimos es un claro sofisma, o también podemos estar diciendo “la única verdad es la mía” la interpretación que yo hago de la realidad.

Ayer festejamos los doscientos años de la declaración de la independencia Argentina, y pudimos ver en los titulares distintas visiones de nuestra realidad. El Papa por ejemplo ha dicho “La patria es como la madre, no se vende”; otra de las visiones de la realidad fue la del Presidente de los argentinos que, entre otras cosas, dijo en su discurso: “El mundo quiere relacionarse con nosotros, depende de nosotros marcar como”. Dos visiones que si bien no están en las antípodas si distan bastante en cuanto donde ponen el acento.

¿La Patria no se vende? Es una afirmación que suena como fuerte, postula valores indiscutibles, máxime si esto lo ponemos al lado de la palabra “madre”. La historia argentina por desgracia parece no confirmar este postulado sino todo lo contrario, la patria fue vendida hasta el cansancio. Desde el primer empréstito de la Baring Brothers en 1824 por un millón de libras, pasando por el pacto Roca-Runciman, las políticas de endeudamiento cívico militar con los pactos de proteccionismo y beneficios al sector corporativo durante años y obviamente la política externa argentina de la última gestión populista con los endeudamientos claramente desventajosos con tasas de interés que ni siquiera los países africanos pagaban, nos demuestran que la patria fue no solo vendida sino usada y ultrajada en forma impune y sistemática.

La pregunta que surge es si esta venta fue producto de ser víctimas de malignas fuerzas extranjeras que conspiran contra la Argentina o si por el contrario siempre fueron fruto de espurias negociaciones de los mismos argentinos que permitieron que esto ocurra.

Es la otra visión, aquella que pone las responsabilidades sobre nosotros, la que nos interpela y nos obliga a asumir las responsabilidades que tenemos. Somos nosotros, los argentinos, nuestra dirigencia, nuestros legisladores los que estableen la forma en que nos relacionamos con el mundo.

Pareciera que las palabras han quedado vacías de contenido. Necesitamos hechos, hechos de los argentinos que se responsabilicen por su futuro, que tomen el toro por las astas y reconozcan que son los protagonistas de cómo tienen que relacionarse con el mundo, cuáles van a ser las reglas, porque lo primero que hay que reconocer es que sí, que vendimos a nuestra patria cientos de veces, y que depende de nosotros que esto no ocurra en el futuro, y que dependerá no solo de qué representantes elijamos sino incluso de nuestras propias actitudes cotidianas, las que generan y determinan cuales son los valores que queremos para nuestra patria.

Entonces amigos, sabiendo que la patria se puede vender y que es nuestro deber evitarlo, vuelvo como siempre a Borges: Nadie es la patria, pero todos debemos, ser dignos del antiguo juramento, que prestaron aquellos caballeros de ser lo que ignoraban, argentinos, de ser lo que serían por el hecho de haber jurado en esa vieja casa. Somos el porvenir de esos varones, la justificación de aquellos muertos; nuestro deber es la gloriosa carga que a nuestra sombra legan esas sombras que debemos salvar.

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