Bittel, Pedrini y Pilatti Vergara

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Por Vidal Mario

En declaraciones a un medio local, la senadora nacional María Inés Pilatti Vergara anticipó que no votará a favor del proyecto de ley para pagar a los fondos buitre.

Su argumento es extraño. Dice que no lo hará “por coherencia política e histórica”. Debería saber que para las ciencias matemáticas dos más dos son cuatro. No se puede decir, por coherencia política e histórica, que dos más dos suman cinco.

En lo que a la deuda en cuestión se refiere, ya no es posible negociar. Ese tiempo ya pasó. Ya no es cuestión de negociar sino de que el país cumpla con una sentencia judicial que tiene como fatídica fecha de vencimiento el 14 de abril. Es un juicio que en los estrados judiciales norteamericanos, propuestos por el presidente Kirchner, Argentina perdió. Y debe pagar, porque así son estas cosas.

Esto de votar a favor o en contra un proyecto de ley anteponiendo la obediencia partidaria a los intereses del país me recuerda que siendo senador Deolindo Felipe Bittel, cumpliendo órdenes de Menem, votó por la privatización de la represa Yaciretá.

En mayo de 1997, le pregunté si no estaba arrepentido de haber apoyado las iniciativas privatizadoras menemistas.

“Un senador político responde a su gobierno. Esto es algo tan elemental que cualquier ciudadano común lo entiende perfectamente. Cualquier senador que está en contra de su presidente creo que está demás en el cargo. Yo, como senador del bloque de la mayoría, no tengo otro camino que apoyar las leyes que manda el Ejecutivo. Soy senador peronista y como tal tengo la obligación de pensar que los proyectos de leyes que me manda mi gobierno tienen que ser sancionados”, me dijo.

Ahora, Pedrini

Por aquellos días, Juan Manuel Pedrini era coordinador general de una agrupación denominada Mesa de Opinión y Encuentro Peronista. A él también le pregunté sobre esos votos favorables a la privatización de Yaciretá de los senadores peronistas chaqueños.

“Ambos perjudicaron muchísimo al Chaco. Privilegiaron lealtades al gobierno nacional por encima de la lealtad que le deben al pueblo chaqueño. Se dejaron apretar y tomaron una decisión gravísima para los intereses de la provincia, que ninguna cena de desagravio puede reparar”, respondió.

Afortunadamente, aquel intento de meter a Yaciretá en la bolsa de las cosas privatizadas fue abortado. De haber prosperado, hubiera sido otra historia más de la vergüenza y de la renuncia nacional.

Pero el tiempo cambia a la gente. Pedrini, hoy diputado nacional K y vestido de “soldado del proyecto nacional”, comete el mismo pecado. Priorizando la obediencia a sus patrones políticos, votó en contra del proyecto enviado por Macri.

“Es un deber, compañeros”, escribió en su cuenta de twitter.

Entre los compañeros a quienes se refería estaban sus impresentables colegas de bancada Nilda Garré y Carlos Kunkel, dos que integraban una gavilla de trece legisladores de la Tendencia Revolucionaria Montonera de los años 70, sobre los cuales Perón tenía deseos de vomitar. Pero esto ya es otra historia.

La cuestión que ahora se impone es determinar qué es más válido: si la obediencia partidaria, o los intereses del país

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