VIDEO | El pozo de la Piacentini: un “enigma” que podría repetirse

2952
Al día siguiente del siniestro. Varios metros de pavimento seguían "en el aire".

Por Darío Zarco |

La tarde del 29 de mayo en la intersección de las avenidas López Piacentini y Evaristo Ramírez el pavimento se abrió y se tragó un camión hormigonera y un Fiat Palio.

El fenómeno era a todas luces extraordinario, pero no tanto como para evitar que los seguidores de la exintendente Aída Ayala culparan automáticamente al intendente Jorge Capitanich que el año pasado pavimentó la Evaristo Ramírez, y los seguidores de Coqui culparan a Aída por la obra de la Piacentini inaugurada en 2011. La Municipalidad corrió con los planos pero no encontró vicios de construcción en la obra de la gestión anterior.

Tres horas después dos grúas de las más pesadas “pescaron” el auto y el camión para retirarlos y los pusieron sobre concreto firme, dejando el cráter a la vista: más de 7 metros de diámetro y más de 2 de profundidad, contando el hormigón derramado por el camión.

Y debajo de la línea del pavimento el socavón era aún mayor. Unos 120 metros cúbicos de tierra habían desaparecido como por arte de magia, dejando el concreto de la avenida literalmente en el aire, levitando.

En el fondo se podía ver y, sobre todo, oler una buena cantidad de líquidos cloacales que seguían volcándose por un caño que conectaba dos bocas de registro, aparentemente roto por el derrumbe y el camión al caer.

Una semana después, el derrumbe continuaba hacia Los Hacheros.

Diagnóstico: la tierra debajo del nivel de la calzada estaba seca y el “corte” del último metro parecía reciente. Entonces, el soterramiento era natural y el colapso ocurrió por las vibraciones y el peso del tránsito, arrastrando al fondo la capa de suelo más superficial, o fue generado por una fuente de agua a varios metros de profundidad. Esto último pudo deberse a una fuga en el caño cloacal enterrado a 5 metros o una vertiente proveniente de una napa freática o por la misma napa. En cualquier caso los síntomas son imperceptibles hasta la aparición de las grietas en el pavimento.

A ojo de buen cubero podía decirse que el mismo caño aplastado por el camión había generado el soterramiento. Sin embargo cuando éste fue reemplazado por una manguera y una bomba al día siguiente, surgió la novedad: una corriente de agua prácticamente limpia brotaba del fondo del pozo pero no se acumulaba, sino que continuaba su curso escurriéndose por una grieta sobre Los Hacheros con rumbo desconocido pero, sin dudas, hacia otro soterramiento incluso mayor y más profundo.

La corriente finalmente se detuvo pero el hundimiento ya había ganado varios metros más amenazando al pavimento de Evaristo Ramírez y a las primeras viviendas.

Eso se podía apreciar a simple vista. Se esperaba que las pericias de los equipos técnicos de la Municipalidad y de la Facultad de Ingeniería de la Unne fueran más profundas y arrojaran certezas, pero el informe no fue concluyente sino que sólo hace referencia a una probabilidad.

El reporte de Sameep, elaborado apenas horas después del derrumbe aseguraba que no había restos de suelo en sus cañerías ni en la estación de bombeo ubicada a poco más de 100 metros, descartando pérdidas en sus caños. Pero la Municipalidad, aunque en potencial, cree que el socavón fue provocado por una fuga de líquidos cloacales del ducto que corre por debajo de la Piacentini, y descartó las sospechas sobre los desagües pluviales, tanto los construídos el año pasado como los de 2011.

Para resolver la cuestión a la mayor brevedad, declaró el estado de “emergencia” y  ya contrató a una constructora que contendrá el suelo con tablestacas para evitar la extensión del derrumbe, reemplazará 120 metros de caños cloacales, rellenará el pozo y repondrá el pavimento.

El plan parece demasiado simple para la situación y orientado a abaratar el costo de obra. En estos casos no se trata de romper lo menos posible el pavimento sino de romper todo lo necesario para detectar primero las fallas y compactar convenientemente el suelo.

Pero los interrogantes siguen pendientes. ¿Adónde fue a parar la montaña tierra que falta? ¿Hacia dónde escurría la vertiente que parecía no tener fin? Frente a la duda, más importante y urgente que rellenar el bache y reparar el pavimento es relevar el suelo y las napas de la zona para calcar su perfil, determinar sus características y obtener datos que permitan tomar medidas para evitar episodios semejantes.

Comentarios

comentarios