Vacunados de privilegio

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Por Darío Zarco |

Jesús los echaría del templo a patadas en el culo.

Ni el gobernador Jorge Capitanich ni el cura Rafael Del Blanco son trabajadores del sistema de salud. No están en la primera trinchera, de pecho contra la pandemia. Sin embargo fueron de los primeros en recibir la vacuna contra el coronavirus.

El Gobernador inauguró el plan de vacunación. Lo inyectaron a domicilio, en la misma Casa de Gobierno. La excusa fue poner las manos en el fuego por la rusa Sputnik V como estrategia para revertir la mala prensa que la precedió.

Fue una exhibición de arrogancia. Supuso que la gente confía más en él que en la ciencia.

A Dios rogando pero con el mazo dando. El Gobernador, profeta de todos los credos, y el sacerdote, entendieron que no alcanzaba con persignarse, y se colaron en la fila de médicos y enfermeros.

En el apuro malinterpretaron el Evangelio.

Según Mateo, Jesús explicaba que no alcanzaba con cumplir los mandamientos para llegar al cielo, sino que había que, si fuera necesario, prescindir de lo material en favor de los más necesitados. Y aún más: dejar atrás hogar y afectos para seguir a Dios, en todo sentido.

Quienes tuvieran vocación sincera para cumplir semejante cosa serían recompensados hasta con la vida eterna. “Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros”, dijo graficando que todo depende de cada uno, de cuán solidario pueda ser con el prójimo.

Pero en la rapiña de vacunas, habiendo sólo 7 mil dosis para 1,2 millones de chaqueños, llegó el revisionismo y ahora el mandamiento es: “Ama a tu prójimo pero no tanto como a ti mismo”.

Un Jesús 2021 les diría: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un colado en la vacunación llegue al reino de los cielos”.

El director del hospital Perrando: Daniel Pascual, puso la cabeza. Dijo que fue suya la idea de vacunar a Del Blanco en contra del plan oficial y de todo. Alegó que el cura visita a los enfermos permanentemente, incluso a infectados con Covid.

Entonces, ¿no sería lógico vacunar a los enfermos que no tienen más remedio que una cama de hospital, principalmente a los de grupos de riesgo, en vez de dársela al cura que puede quedarse en su casa?

Para los amigos, vacunas. Para los médicos, aplausos.

El Gobierno jura que el de Del Blanco es el único caso, pero nadie cree. Para ser confiable la única vacuna es dejar de mentir.

 

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