Una urgencia electoral llevó a la provincialización del Chaco

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Por Vidal Mario |

A comienzos de agosto de 2011, el entonces gobernador Capitanich anunció que desde el lunes 8 de ese mes, día en que se cumplían 60 años de la provincialización del Chaco, el salón de actos de la Gobernación cambiaría su nombre “General Manuel Obligado” por el de “Salón Auditorio 8 de Agosto de 1951”.

Por fin dejaría de homenajearse a quien invirtió los últimos quince años de su carrera militar en someter o, en caso de resistencia, matar aborígenes chaqueños.

Se estuvo a paso de dar un justo reconocimiento a todos los hombres y mujeres que por décadas lucharon por la provincialización del Chaco, finalmente alcanzada el 8 de agosto de 1951.

Capitanich (quien éste miércoles presentará otro libro supuestamente escrito por él) al final dejó todo como estaba. Tras escuchar algunas voces opositoras cambió de opinión, y el recinto siguió llamándose como en 1972 lo quiso el interventor militar de la provincia, coronel Roberto Oscar Mazza.

Esa y no otra es la razón por la cual la Casa de Gobierno del Chaco sigue siendo la única del país cuyo salón de actos lleva el nombre de un matador de indios.

Yrigoyen, el olvidado

Llegamos hoy a los 65 años de la provincialización del Chaco.

Lo que hizo Perón en 1951, con un gran sentido de la oportunidad electoral, fue desempolvar una vieja aspiración de Yrigoyen, deliberadamente olvidada por muchos historiadores.

Casi treinta años antes, el 20 de septiembre de 1922, aquel ya había solicitado al Poder Legislativo la provincialización de los territorios nacionales del Chaco, Misiones y La Pampa.

En su mensaje al Congreso Nacional, señaló que su gobierno consideraba “un demérito para esos pueblos el retardo del reconocimiento de la prerrogativa que les corresponde dentro del organismo institucional de la República”.

Enfatizó que la no provincialización de dichos territorios importaba “desconocerles su capacidad para gobernarse por sí mismos, no obstante los esfuerzos propios realizados para acrecentar su progreso”. Según el escrito, las potencialidades económicas de las referidas regiones estaban “claramente demostradas en su producción agropecuaria, en su comercio y en sus industrias”.

Yrigoyen redondeó su pedido en estos términos: “El Poder Ejecutivo al someter a vuestra honorabilidad el proyecto adjunto, declarando provincia argentina al Territorio Nacional del Chaco, se permite urgiros para que le prestéis vuestro voto conjuntamente con los análogos proyectos relativos a La Pampa y Misiones”.

Lo que aquel presidente reclamaba era el cumplimiento de la ley 1.532 del año 1884, que facultaba al Poder Ejecutivo a declarar provincias a los territorios nacionales una vez alcanzados los 60.000 habitantes contados desde el último censo general.

Pasarían sin embargo 29 años más de aquel pedido de Yrigoyen para que por ley 14.037 del 8 de agosto de 1951 se cumpliera lo ordenado por la ley 1.532.

Mientras tanto, los chaqueños nunca se durmieron a la hora de reclamar por su provincialización.

Por décadas enteras, hombres y mujeres de todas las clases sociales se manifestaron y golpearon puertas en Buenos Aires para explicar al centralismo porteño por qué el Territorio Nacional del Chaco merecía ser provincia.

Por eso es justo que en nombre y representación de todos y cada uno de ellos el salón de actos de la Gobernación sea denominado “8 de Agosto de 1951”.

Otra vez “Santa Evita”

La provincialización de los territorios nacionales en realidad ya era una cuestión prevista y programada en el primer Plan Quinquenal de Perón, lanzado en 1947.

El año anterior, 1946, los senadores Alberto Durand y Vicente Saadi, así como el diputado opositor Ernesto Sanmartino, habían presentado proyectos en tal sentido.

Lo mismo hicieron en 1947 los legisladores Gabriel del Mazo y Juan A. Errecart. En 1949, lo hizo el diputado Jacinto Maineri.

En 1950 surgieron más proyectos, esta vez de la mano de los senadores Eduardo Madariaga y Pablo Antonio Ramella.

Ese mismo año, ahora con su colega Gómez del Junco, Madariaga insistió con otro proyecto, en el cual sugirió cambiar el nombre Chaco por “Provincia de Perón”.

A principios de 1951, entraron otros dos proyectos, uno de Federico Monjardín y otro de Arturo Frondizi.

El que finalmente vio la luz fue el que presentaron en julio de 1951 los senadores del bloque justicialista Alberto Teisaire, Alejandro Ciavarini, Luís Cruz, Samuel Gómez Hernández, Francisco Luco y Arcadio Avendaño.

El gobierno quería ampliar la base electoral para las inminentes elecciones de noviembre de ese año, a las que Perón volvería a presentarse gracias a la reformada Constitución de 1949.

La intensa propaganda peronista hizo aparecer a Eva Perón como la gran artífice de la conquista.

Como había sucedido con la marcha del 17 de octubre de 1945 (organizada por el dirigente de la carne Cipriano Reyes y otros sindicalistas), el libro La razón de mi vida (trabajo del periodista español José Peñeralda de Silva) y el voto femenino (iniciativa del español José Figuerola), de nuevo se hizo una gran puesta en escena para presentar a Eva Perón como la promotora de la provincialización.

Un mito que algunos siguen alimentando hasta hoy.

Lo único que la nombrada hizo, en nombre del Partido Peronista Femenino, fue enviar a la Cámara de Diputados, el 21 de junio de 1951, una nota pidiendo la provincialización del Chaco y de La Pampa, la cual fue adosada al proyecto.

Pero ya no importa ni debería importar la finalidad electoral que en su momento motivó la medida.

Lo que importa es que el 8 de agosto de 1951el Chaco dejó de ser un apéndice del Ministerio del Interior de la Nación para convertirse en una nueva provincia argentina, con todos sus derechos, obligaciones y prerrogativas.

Aunque, en materia de derechos, muchas veces esta provincia fue violada. Ya de entrada, violando su ancestral derecho de llamarse Chaco, le pusieron el nombre del demagogo de turno.

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