Torturas y autoflagelación en un convento de Nogoyá: hallan látigos y cilicios

El convento de las Carmelitas Descalzas fue objeto de una investigación periodística que denunció la aplicación de todo tipo de torturas y tormentos a las monjas. La Justicia actuó a los minutos de conocerse la publicación. Para la Iglesia “no hay torturas sino medida disciplinarias”.

1309
El convento de la Carmelitas Descalzas de Nogoyá fue allanado en la mañana de este jueves.

El semanario entrerriano Análisis, publicó en su edición de este jueves una investigación de su director, el periodista Daniel Enz, que denuncia la aplicación de torturas y todo tipo de tormentos a las monjas de clausura en un convento de la ciudad entrerriana de Nogoyá, de la orden de las Carmelitas Descalzas.

El informe menciona a ex religiosas, familiares de estas y profesionales médicos, y asegura que las monjas, unas veinte, de entre 20 y 70 años, “sufren torturas físicas y psicológicas, aunque nadie de la Iglesia lo quiere reconocer. Hay castigos permanentes; es habitual el uso del látigo y el cilicio para auto flagelarse; hubo casos de desnutrición y existe una estricta prohibición de “no hablar” de lo que sucede dentro. Varias de las ex monjas están con tratamientos psicológicos en Entre Ríos o Santa Fe, por las secuelas que tuvieron”.

La denuncia alcanza al arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puíggari, quien “debe ejercer la autoridad sobre el convento pero sin embargo nunca hizo nada para revertir la situación, pese a que tiene conocimiento de los excesos que se cometen”, y señala que la misma actitud asumieron sus antecesores Estanislao Karlic y Mario Maulión.

“Nunca pudieron abrazar a un familiar. Tampoco darle la mano. Una de ellas no pudo ver a su padre por diez años, porque se había divorciado de su madre y por ende era “un pecador público”. Nunca se pueden mirar a un espejo porque es símbolo de “vanidad” y si alguna de ellas intenta ver su reflejo en el vidrio de alguna ventana, habrá un inmediato castigo. Hubo veces que solamente se podían bañar una vez cada siete días. Las carmelitas descalzas del convento de Nogoyá vienen sufriendo torturas psicológicas y físicas, todo a la vista de las autoridades de la Iglesia que una vez más, han decidido no intervenir”, resume el artículo.

Allanamiento positivo

A raíz del informe periodístico, la justicia ordenó allanar el convento este mismo jueves. Las fuerzas de seguridad fueron convocadas a las 3 de la mañana y el procedimiento se instruyó dos horas después.

El fiscal Federico Uriburu y los jefes policiales que participaron de la diligencia dijeron que la superiora del Convento se negó a franquear el acceso para que se cumpla con la orden judicial, alegando que debía solicitar autorización a sus superiores. Pero esta reticencia se prolongaba, por lo que finalmente el allanamiento comenzó con la rotura de una de las puertas.

“Una vez vencida la resistencia inicial, las propias autoridades del convento hicieron entrega de látigos y cilicios que estaban en las habitaciones”, dijo Uriburu, que calificó el procedimiento como “positivo” y dijo que continuará hasta examinar todas las dependencias a las que no se accedió en un principio para no violentar la intimidad de las internas.

La Justicia busca todo tipo de elementos de tortura y supuestos manuales para la instrucción de los tormentos y libros en los que se asentarían las sanciones aplicadas a las monjas que incluirían hasta “ayunos forzosos” que llegarán a los siete días.

Está permitido por la Santa Sede

“Nos despertamos con esta noticia poco grata. Al ver este accionar policial sobre el Monasterio, cuya regla y funcionamiento está regido por la Santa Sede. El Monasterio es de derecho pontificio, por lo tanto, si bien tiene jurisdicción en la Diócesis de Paraná, tiene dependencia directa de la Santa Sede, cuya regla y funcionamiento depende de las reglas aprobadas por la Santa Sede”, dijo el cura Ignacio Patat, vocero del arzobispado de Paraná.

Ante la consulta de sobre si se trata de “castigo”, el cura respondió: “No, no. A ver, para el lenguaje social puede sonar que sí, pero en la regla interna de los monasterios carmelitas, es la manera de la vida de disciplina”. Cuando se le repreguntó si tal modo de vida permite la autoflagelación, Patat contestó: “Está permitido en las reglas carmelitas”.

 

Comentarios

comentarios