Thiago Braz da Silva, el chico brasileño que le ganó al mejor del mundo

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Thiago Braz da Silva saltó 10 centímetros por encima de su récord, estableció una nueva marca olímpica y se quedó con el oro en el salto con garrocha en Río.

El francés Renaud Lavillenie, llegó a la pista como el mejor garrochista del mundo, dueño del campeonato y el récord olímpicos. Como era de esperarse, despreció los dos primeros saltos de 5,50 y 5,65 metros, y arrancó la competencia recién en los 5,75.

El brasileño Thiago Braz da Silva, de 22, era el crédito local aunque sus expectativas estaban por debajo de lo que se esperaba de los mejores de la prueba. Él comenzó a saltar en los 5,65.

Lavillenie hizo cuatro saltos impecables. Por su parte, Thiago Braz tuvo una noche de mucha inspiración y, aún con algunos intentos fallidos, seguía adelante.

El resto de los competidores fue quedando en el camino y el estado estalló cuando la eliminación dejó solos a los tres que subirían al podio: el francés del récord, el estadounidense Sam Kendricks, y el muchacho brasileño.

La vara volvió a subir, esta vez a 5,98, una marca que sólo sortearon Lavillenie y Thiago.

El salto con garrocha es una disciplina que casi nunca concita la atención masiva del público, pero esta definición era para alquilar balcones y pasó a primer plano.

Por sus saltos nulos, el brasileño estaba en segundo lugar. La vara fue puesta a 6,03 y ambos fracasaron en sus primeros intentos, pero el francés volvió a fallar mientras el brasileño lo hizo espectacularmente y se posicionó circunstancialmente en el primer lugar.

Lavillenie pudo haber intentado por tercera vez los 6,03 y, si lo lograba, el desafío sería por 5 centímetros más. Pero saberse segundo no lo convenció y decidió precipitar los términos: pidió que la marca fuera elevada a 6,08, 2 centímetros menos que su mejor salto del año pero 15 más que el mejor registro histórico del brasileño.

La apuesta del francés era tan fuerte como arriesgada porque debía lograrlo en el primer intento. Y no lo logró.

El estadio voló por el aire, una euforia propia de un campeonato mundial de fútbol. Thiago Braz da Silva, de 22 años, en su primer juego olímpico, acababa de batir nada menos que al recordman Renaud Lavillenie que había llegado a Río de Janeiro sólo a cumplimentar un trámite para llevarse el oro pero debió conformarse con la plata, lo que para él fue sin dudas una amarga derrota.

 

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