El sheriff antipiquetes «atiende» en la Casa de la Memoria

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El sargento Olivello, subsecretario, abocado a su gestión frente a la Casa de la Memoria | Daniel Edgar Aguirre

Por Darío Zarco |

Derechos Humanos NS/NC.

Un día el gobernador Jorge Capitanich pidió auxilio al inefable sargento Olivello, también comunicador, para resolver problemas sociales, nada menos: “Olivello no se vendió, aceptó un desafío”, dijo el policía, gustoso, en tercera persona, y blanqueó que su métier es poner punto a piquetes y usurpaciones.

Su designación fue un hallazgo, un prodigio para saldar garantizar la satisfacción de derechos fundamentales e impostergables: alimentación, trabajo, salud, educación… Y tuvo el mayor de los consensos, porque “el que calla otorga”, por quedaron mudos los que escuchábamos gritar.

Pero el silencio sepulcral y cómplice de todos los seguidores de Capitanich, adentro y afuera del gobierno, no es lo peor. Sino que él considere que Olivello es mejor que todos ellos para amortiguar el impacto de las protestas contra su gobierno.

Para no quedarse corto con la DDJJ de fracaso de los políticos que lo rodean y, por ende, suya, modificó el Gabinete a la medida del sheriff: creó en Gobierno y Trabajo una Subsecretaría de Seguridad y Justicia para “resolver” incluso a palazos cuestiones de Desarrollo Social, Salud, Economía, Infraestructura, Ambiente, Derechos Humanos…

Definitivamente, que Olivello haya salido de un repollo a la función pública es una tocada de culo para la clase política, pero no importa, porque automáticamente los progreseros se amoldaron entre la tonfa y la pared dejando sus ideales colgando de un hilito.

Su mala prensa no define a un Olivello, sea éste o cualquier otro. Quizás sea el hombre indicado para lo que indicó Capitanich, que se define inigualablemente democrático. Pero bien dicen que “la cabra tira para el monte”, y antes de cumplir 2 semanas de civil, se puso al frente de un escuadrón acorazado antitumultos.

El subsecretario de Seguridad y Prevención en Intervención Territorial encabezó el comité de bienvenida y recibió a las protestas lo más lejos posible del Gobernador, en la puerta de la Casa de la Memoria, en un escenario enmarcado por el homenaje a las víctimas de la Masacre de Margarita Belén y la otra cara de esta moneda: inconfundible, la atenta mirada de Mario Bosch.

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