Septiembre sin Estudiantina

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Por Mónica Morales |

En nuestras sociedades modernas basamos gran parte de nuestras conductas y formas de socializar en el valor de las tradiciones.

Que las mismas se afiancen en el tiempo significa que adquieren valor y resaltan su  importancia como valoración del tipo de sociedad a la cual aspiramos.

Durante mucho tiempo septiembre ha sido el mes ligado a la juventud, a la renovación del espíritu y el ánimo por la llegada de la primavera y está estrechamente vinculado a los estudiantes que celebran su día en este mes.

En Resistencia, y como sociedad, habíamos visto con alegría y satisfacción cómo las tradiciones del mes de la primavera se habían consolidado en el tiempo y están arraigadas en el inconsciente colectivo como celebración masiva, popular y sin excesos.

Nos habíamos acostumbrado, quienes tenemos la suerte de estar trabajando en el ámbito de la docencia y en contacto diario con el mundo adolescente, que desde el arranque del año ya se esperaba al mes de septiembre como punto máximo de tiempos festivos.

Ver en las escuelas y colegios cómo se armaban las comisiones para las actividades deportivas, para las coreografías, para el armado de las carrozas, para las elecciones de nuestras reinas y reyes, todo bajo el constante sonido de las batucadas que ensayaban durante largas horas para estar todos a punto cuando llegue septiembre.

También en las escuelas de educación especial la fiebre del mes de la primavera contagiaba su alegría y envolvía todas las actividades con esas ganas de brillar en el desfile y por sobre todo demostrar que a todos por igual septiembre nos daba el lugar para festejar.

Desde siempre la cita tradicional era el desfile de carrozas y de agrupaciones, la elección de reyes, siendo en los últimos tres años un evento multitudinario, sin violencia, sin alcohol y de gran participación familiar que tenía su epicentro en la plaza 25 de Mayo de 1810.

Y todo alcanzaba su máximo pico de fiesta, ilusión y participación en la tradicional estudiantina en el parque 2 de Febrero.

El 21 de septiembre  mi ciudad festejó el día del estudiante, el evento máximo del mes de la primavera, en este Septiembre que nos renueva y nos hace sentir la vida, de la manera más opaca, más básica, más olvidable y más triste de lo que como resistencianos podemos permitir.

No hubo magia, no hubo fiesta, no hubo carrozas, no hubo rey y reina, no hubo banderas ni remeras de la “promo”, no hubo competencias deportivas, no estuvo el ritmo vivo de las batucadas, no hubo desfile ni participación de las escuelas especiales, no hubo espíritu ni hubo primavera… Robaron la alegría de ser jóvenes.

Más allá de las tradiciones, preocupa el abandono de políticas de Estado en materia de juventud. Entender que anunciar un grupo musical del momento, mas complementar con pistas de skate, con charlas de concientización o con puestos de comida se marca un “nuevo rumbo” en materia de política juvenil, es sentirse defraudado y demuestra la incompetencia y la ineficacia de los responsables de las áreas de Juventud de nuestro gobierno municipal.

Pasamos de tener un trabajo serio, planificado, participativo, y programado para todo el año, a un simple show, a una simple tarde de “festejos” y luego de eso la nada misma.

La tradición consiste en construir sobre la base de la sabiduría de las generaciones pasadas, pero también las tradiciones pueden sucumbir.  La tradición que es vaciada de su contenido, y comercializada y ejecutada con fin meramente circunstancial, se convierte en kitsch. Desconectadas de la vida cotidiana, mueren.

Y a ese destino vamos como sociedad resistenciana… Paradójicamente, siendo tan valerosa y presente en distintas actividades solidarias, culturales y sociales, sorprende que así, tan fácil y sin protesto, nos hayan robado la alegría, la felicidad y la magia que Septiembre nos traía cada año con cada Estudiantina.

 

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