River se despertó en el segundo tiempo y goleó a Trujillanos

El último campeón tuvo un buen debut; le costó en el primer tiempo, pero en los últimos 45 minutos se destapó con cuatro goles a partir de la zurda del volante, que marcó el primero y fue clave en el segundo.

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Pisculichi fue clave en la reacción de River.

 

 

River comenzó el camino hacia el bicampeonato de la Copa Libertadores con una goleada. El talento de Leonardo Pisculichi y el olfato goleador del uruguayo Iván Alonso le alcanzaron para vencer en esta ciudad a Trujillanos por 4-0. Todos los goles llegaron en el segundo tiempo, cuando el conjunto millonario logró soltarse y definir el resultado a su favor.

A River le costó un tiempo acomodarse a Trujillanos, el rival del estreno en la Copa Libertadores. El marco, el calor, el árbitro y la cancha conspiraron contra su mejor versión. El equipo dirigido por Marcelo Gallardo, hay que decirlo, también colaboró: le falta frescura. Quizás, una marcha más en ataque. Hace rato que ya no es aquel conjunto avasallante que enamoraba a sus hinchas y asombraba a los rivales.

Este River puede lucir inconexo, como en el primer tiempo. Le pueden fallar todos sus circuitos de juego y tirar pelotazos. No dejará de lado la actitud, pero el estilo Gallardo es otro: pelota al piso y fútbol asociado. Cuando el rival, como hizo Trujillanos, le anula los receptores de los pases, la cuestión se complica.

Entonces, aflora la inteligencia, ese diferencial que aportan los futbolistas que conjugan talento con cerebro. En Venezuela fue Pisculichi el que apostó las neuronas. Entendió que había que patear al arco y que, a falta de jugadas colectivas, lo importante era llegar al gol. Hubo que esperar hasta el segundo tiempo para que la apuesta diera sus frutos. Hubo una falta a Lucho González y allí fue Pisculichi. Hasta en Caracas sabían que le iba a pegar al arco. Lo que no intuyeron era la dirección y la potencia del remate. Tampoco lo adivinó el arquero Díaz. Y River destrabó un partido que hasta ese momento era hosco. Rocoso. Una travesía en un pantano.

El gol le dio tranquilidad, porque el conjunto venezolano había mostrado demasiado poco como para pensar en que podía complicar el resultado. River sabía que la victoria -salvo una catástrofe defensiva impensada- no corría riesgos. Se sacó el lastre de asegurar el triunfo y encontró el segundo gol. El mismo método, con una resolución distinta: tiro libre de Pisculichi, doble rebote en Díaz en el arquero y pase a la red de Luis González. El 2-0 se transformó en un marcador acorde con la diferencia de jerarquía entre ambos equipos. El campeón de América comenzaba el camino hacia la reválida del título con un triunfo.

Lo que quedó hasta el final del partido fue saber si River conseguía convertir otro gol, que llegó gracias a un tanto de Iván Alonso tras una internada de Mercado. Como si fuera poco, Alonso anotó otro gol en el tiempo de descuento. River había dejado de lado las dudas del primer tiempo y ya era un equipo dominador y seguro de sí mismo. Lo leyó Gallardo, que se dio el gusto de quitar de la cancha a Pisculichi -lo reemplazó Martínez-. La imagen tibia y dubitativa de la primera parte había dado lugar a una versión mejorada del campeón continental.

¿Trujillanos? Intentó lo que pudo y como pudo, pero chocó contra la defensa de River y, en algún caso, las manos de Barovero.

Más allá del trámite del primer tiempo, en el que un River incómodo no supo cómo crearle problemas al equipo venezolano, la inteligencia de Pisculichi le bastó para desatarse y construir la victoria.

Un triunfo que vale en lo simbólico (comenzar con un triunfo) y en lo anímico: es el único equipo argentino que ganó de visitante en esta Copa Libertadores. El regreso a Buenos Aires será largo, pero con tres puntos en el equipaje.

Canchallena

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