El puente de la unidad no alcanza para cruzar la grieta

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Cristina vetó el principio de acuerdo entre Peppo y Capitanich.

Por Darío Zarco |

Por más fuerte que abracen a Domingo Peppo, el candidato de Alberto Fernández y Cristina Fernández es Jorge Capitanich.

Apenas asumido como gobernador, Peppo planteó el archivo del kirchnerismo y redujo a Cristina a “dirigente importante” pero sin el liderazgo del día anterior, y hasta la desafió a revalidad su vigencia en las urnas.

El sentimiento fue recíproco: el kirchnerismo ignoró a Peppo, al que consideró un sapo de otro pozo que le debía la gobernación al dedo de Capitanich.

“Yo no me metí para nada en el Gobierno”, recalca Capitanich que a todas luces fue un opositor en las sombras. Criticó y planteó diferencias totales y permanentes con Peppo, y lo dejó con una mano atrás y otra adelante en el Congreso.

Las diputadas Analía Rach Quiroga y Lucila Masín, y la senadora María Inés Pilatti Vergara, kirchneristas y coquistas, lo ignoraron por completo, y el senador Eduardo Aguilar aprovechó la confusión para abrir su microemprendimiento electoral: el eduardismo.

Para el kirchnerismo, el que piensa distinto está equivocado. Peppo nunca entendió ese fundamento y pasó cuatro años saltando de un lado al otro la grieta que parte en dos al PJ y pone permanentemente en duda el peso específico de su Gobierno.

Así, su firma en negociaciones y acuerdos con la Nación no hubiera valido sin el consuelo de los legisladores opositores Ángel Rozas, Aída Ayala, Horacio Goicoechea y Alicia Terada. Pero lo que para él es gobernabilidad, para el kirchnerismo es traición.

Peppo se apuró al manifestar su apoyo a la fórmula kirchnerista como si nada hubiera pasado. Fue un espasmo estratégico para amortiguar el choque de la interna con Capitanich, que sintió la elección de Alberto como una puñalada trapera.

El kirchnerismo renueva dos diputados nacionales y un senador, y no se conformaría con menos que eso. ¿Dónde cabrían los candidatos de los otros ismos peronistas y de los partidos aliados? Definitivamente, la lista es corta.

Usar las elecciones primarias nacionales como interna provincial con candidaturas testimoniales es admitir una guerra no declarada. No se espera menos de dos tipos que estuvieron, están y estarán enfrentados, aunque cada tanto finjan algún acuerdo.

Los peronistas se jactan: no peleamos, nos reproducimos. Pero la cruza de los seguidores de Peppo y los de Capitanich sólo puede ser un acuerdo pírrico. A esta altura el costo-beneficio no cierra: la unidad es más cara que la grieta.

 

 

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