Pongamos de moda la Constitución

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Luis Alberto Cabrera. Presidente PNC UNIR

Por Luis Alberto Cabrera |

Sin ninguna duda la sociedad de consumo nos alimenta en todos los órdenes y sin menú variado, de alguna manera el marketing diario impone la moda de lo que se festeja, conmemora y discute. De este modo, el 1° de mayo será para la inmensa mayoría tan solo el día del trabajador sin advertir el aniversario de nuestra constitución nacional, sancionada el 1° de Mayo de 1853 y que con sucesivas reformas es la piedra angular del estado de derecho argentino.

Pero nada escucharas decir de ella, en su conmemoración no habrá actos, no habrá reflexiones ni homenajes.

Pero no todas son malas noticias, porque de cualquier manera hay que saber que en el consumo como en todo, la educación puede lograr cambios de hábitos, de gustos y por ende de conductas. Esto de la educación ya lo había advertido Moreno en el prólogo del Contrato Social diciendo: “…si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos, sin destruir la tiranía…”.

Y cómo habrá sido acertado el prólogo que tras 163 años Mudamos de tiranos y se nos sigue dificultando la tarea de cambiar la tiranía, ya que los reyes tiranos hoy se hacen llamar presidentes.

Pero sin desviarnos del tema de la constitución y para hacer girar la rueda, hay que decir que reflexionar, la mayor parte de las veces es entender y entender es saber de nuestras carencias y virtudes.

Entonces, reflexionar la constitución, nos permitirá ver que esa media tinta de recordar al trabajador y no a un valor extremadamente superior como la constitución nacional denota algo sobre nosotros mismos, como sociedad. Tal vez entendamos que la indiferencia con la Constitución, tiene algo que ver con nuestra falta de apego a la ley, a sus valores, principios e ideales.

Y no es redundante decir que los ideales que inspiraron la constitución e inclusive la Constitución misma como institución son altamente superiores al ideal de trabajo y por ende trabajador. Y esto es así a tal punto que la constitución contempla y consagra al trabajador, garantiza sus derechos pero esto no sucede a la inversa.

Esto de mirar hacia la Constitución, de ponerla de moda y reflexionar sobre ella, tendría un efecto contundente hasta en los más revolucionarios de nuestro tiempo, de esos de barbas largas y cuentas en dólares, porque se terminarían dando cuenta que el día del trabajador tiene que ver con trabajadores de Chicago, antes que nada y  sentirían una suerte de golpe de estado interior.

Los llevaría a repensar sobre el concepto poco claro de Republicanismo de un diputado al decir: “…votaremos lo que diga el presidente…”, sobre la representatividad  de un sindicalista cuyos representados están tenidos de cortera mientras él veranea en paraísos fiscales y ni que hablar del tan declamado y nunca practicado federalismo.

Vos sabés que de las muchas contribuciones que dieron como resultado nuestra constitución nacional, una de las más importantes es la de Juan Bautista Alberdi titulada: “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”.

Fíjate cómo será que si no se vulgarizan nuestros derechos estamos condenados a cambiar solo de tiranos sin mudar tiranías, que el trabajo de Alberdi da fundamental importancia a la transformación del recurso humano a través de la instrucción, separando a la vez educación de instrucción reconociendo el rol de e importancia de la familia en términos de educación y espiritualidad a quien le reserva el derecho de educar en la religión. Donde la escuela y la Universidad son planificadas a partir de una política de industrialización.

Es en este documento donde se afirma que gobernar es poblar fijando la meta de alcanzar al menos el numero de 50 millones de habitantes, es el documento donde se da fundamental importancia al ferrocarril, donde se considera fundamental la re configuración de los recursos humanos de cara hacia una Argentina industrial.

Sin embargo, hoy a 163 años del dictado de esa Constitución, seguimos discutiendo la traza del ferrocarril, seguimos siendo un país cuya exportación se basa en materias primas, en lugar de vigilar que nuestra mano de obra se desarrolle garantizándoles alimentos, les garantizamos computadora y celular y nos quieren hacer creer que el aborto debe ser despenalizado así somos cada vez menos.

Si a la indiferencia por este espíritu, por esta institución le sumamos nuestro complejo de Nación joven, los límites se nos pierden cada vez más. Y la ignorancia o la manipulación política nos hablan de criminalización de la protesta, del derecho de la madre a elegir sobre la vida o la muerte del hijo y de la potestad del gobierno central de excluirnos como provincia inviable.

Si Alberdi tenía razón al decir que: “Hay siempre una hora dada donde la palabra se hace carne”. Entonces esta es esa hora! hora de que esas palabras consagradas en la constitución se hagan carne en nosotros mismos, en nuestra forma de vida.

Solo cuando pongamos de moda la constitución, para que la causa de todo ciudadano sea la de la justicia y la del orden público, para que las obligaciones igualen el peso e importancia de los derechos, podremos realizar la gran nación que soñaron Alberdi y los constituyentes.

 

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