Otra vez afuera: vuelven a suspender a Lula como jefe de Gabinete de Dilma

Un juez federal de San Pablo volvió a anular hoy de manera cautelar el nombramiento del expresidente, tras la venia que le había dado más temprano otro magistrado.

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Lula da Silva, designado y destituido recurrentemente en medio de la crisis política brasileña.

 

Un juez federal de San Pablo volvió a anular hoy de manera cautelar el nombramiento del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva como ministro de la Presidencia de Brasil, después de que dos tribunales de segunda instancia suspendieran decisiones similares presentadas la víspera.

El juez Luciano Tertuliano da Silva, de la Justicia Federal de Assis (San Pablo), justificó su decisión con el argumento de que Lula y su ahijada política, la presidenta Dilma Rousseff, interfirieron en la investigación de la corrupción en la petrolera Petrobras.

La designación de Lula ya había sido suspendida por dos jueces de Brasilia y Río de Janeiro el jueves, pero otros dos tribunales derribaron posteriormente esas cautelares.

Lula da Silva tomó juramento el jueves como jefe de gabinete del gobierno de su sucesora, la presidente Dilma Rousseff, un cargo que le da al carismático líder la oportunidad de ayudar a bloquear un juicio político que se sigue en contra de la mandataria y que también dificulta las indagaciones que se adelantan en contra del propio ex presidente en relación a una amplia investigación por sobornos en la estatal petrolera Petrobras.

Partidarios de Lula, uno de los líderes políticos más famosos del mundo y presidente de Brasil de 2003 a 2010, empezaron a reunirse por puñados en diversas ciudades del país, particularmente en el sur industrializado, donde el ex trabajador metalúrgico y sindicalista tiene su fortín político.

En San Pablo, decenas de miles de personas salieron a la Avenida Paulista, frente del museo de arte de la ciudad, vestían camisetas rojas y gorras y entonaban el cántico “Lula, el ministro de la esperanza”.

“Lula, Dilma y el Partido de los Trabajadores son los únicos que han ayudado a los pobres, nos dieron acceso a una mejor educación, empleo y atención sanitaria”, dijo Ronaldo Carlos un guardia de seguridad privada de 35 años mientras agitaba una pancarta roja y blanca que tenía pintado el rostro de Rousseff y la frase “Dilma se queda”.

La crisis política, que ha tocado a las más altas figuras del país, ocurre a menos de seis meses de que Brasil celebre los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro. Los barrios pobres del noreste de Brasil,el país más poblado de América Latina, han sido víctimas de un brote del virus del zika que científicos creen que está ligado al nacimiento de cientos de niños con una extraña malformación congénita que hace que las cabeza de los bebés sean más pequeña de lo normal.

La economía brasileña, motor de las de los países vecinos, se ha contraído en un 4%, la inflación ha aumentado y los anuncios de despidos masivos atemorizan a la población y se han vuelto en parte de la vida cotidiana.

La oposición acusa a la presidenta Dilma Rousseff de querer ayudar al otrora popular Lula da Silva a evitar un cerco legal que se cierne sobre él. Hace menos de dos semanas el expresidente fue llevado a un interrogatorio realizado por la policía en relación con una investigación de corrupción de largo alcance en la estatal petrolera Petrobras.

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