No me peguen, soy Nadia

4263

Por Darío Zarco |

La diputada provincial Nadia García Amud es el blanco de moda desde hace diez días gracias al antológico escándalo que protagonizó en la noche inaugural del carnaval de Corrientes.

Dijo que el campeón olímpico de taekwondo Sebastián Crismanich aprovechó un descuido para birlarle las sillas que había pagado en primera fila. Tuvieron un entredicho y ella propuso compartirlas pero él se negó.

Sin embargo, Crismanich dijo que las sillas eran suyas y mostró sus tiques numerados del 4 al 7, para él, su novia y una pareja de amigos. Nadia también publicó sus tiques pero, por alguna razón, ocultó los números.

A ojo de buen cubero, las entradas son idénticas, pero mientras Crismanich contó haber sido invitado por la organización como “embajador de Corrientes”, Nadia aseguró haberlas pagado peso sobre peso.

La diputada dijo que sólo pensaba divertirse cuando vio que varios integrantes del personal de seguridad habían tomado por la fuerza a su hermano y corrió en su auxilio. Pero si tenemos en cuenta que su hermano es campeón mundial de taekwondo, los que estaban en problemas eran los patovicas.

¿Podría una chica de su talla enfrentar a una horda de patovicas? (Para quienes no saben que Nadia también es cinto negro) la respuesta es: No.

Ella dijo que grabó el ataque con su celular pero que una mujer policía le asestó un sopapo y le robó el teléfono. Así explicó por qué no tiene pruebas de su versión, que suena inverosímil después de ver a su hermano en tantos videos desplazándose libremente y desafiando a Crismanich: “¡Vení, cagón!”, mientras ella grita reiteradamente: “¡Sacámelo o lo saco yo!”.

Por lo visto, la diputada forcejeó más con un joven que parecía ser su amigo, que con el personal de seguridad del evento o los policías, que, según el dueño del palco, intervinieron cuando la trifulca ya se había descontrolado definitivamente.

En la revuelta, ella y su hermano manotearon sendos celulares para evitar ser grabados. En primer plano se los ve furiosos. En una de las escenas más violentas, Pablo irrumpe lanzándole un puñetazo directamente a la persona que los filmaba.

Habitualmente fotogénicos, esta vez Nadia y Pablo no se veían tan bien. Demasiado vehementes. Ella estaba desencajada y por momentos con dificultades para mantener el equilibrio; quizás porque sus tacones no se llevaban bien con el tablado del palco.

Marche presa

El corolario fue en perfecto composé con el escándalo. La diputada y su hermano fueron literalmente arrastrados a la comisaría donde ella dijo haber sido humillada, maltratada y torturada por el comisario y sus subalternos por ser peronista y mujer.

De chisme en las redes a cuestión de Estado

El episodio corrió por las redes sociales, donde fue automáticamente acusada de borracha y drogadicta. En respuesta, se sometió a exámenes para demostrar que no había ingerido alcohol ni drogas, aunque no había sido detenida por eso sino por los desmanes de los videos que calificó como “falsos, armados y malintencionados”. Hizo hincapié en la motivación pero su reacción no necesitaba explicaciones.

Todo se amplificó y se convirtió en cuestión de Estado, a instancias de la propia Nadia. Le convenía hacer una pausa, admitir los hechos y la vergüenza. En cambio, intentó infructuosamente rescatar su imagen del escándalo asumiendo un rol de víctima y de quijote contra la injusticia y la violencia de género que se desmoronó instantáneamente.

Buscó el respaldo de sus compañeros pero no lo encontró, insistió y terminó canibalizada. Como cuando Roberto Giordano, fanático xeneize, creyó que los barras de Boca lo golpeaban por error y clamó: No me peguen, soy Giordano, y sólo empeoró las cosas.

El secretario de Derechos Humanos: Juan Carlos Goya, dijo que lo llamó esa misma madrugada para contarle el calvario al que era sometida por la Policía. Él se solidarizó con ella, disparó contra los policías y el Gobierno de Corrientes y se disculpó con ella por no haber hecho lo suficiente.

Legisladores, funcionarios y referentes del Justicialismo tomaron prudente distancia y se alejaron definitivamente el lunes siguiente cuando el gobernador Domingo Peppo redujo la escala del escándalo al ámbito natural de la protagonista: la Cámara de Diputados de la Provincia. “Creo que debe poner su renuncia a disposición de sus pares para que sean ellos quienes juzguen su comportamiento”, dijo.

El mismo sábado 3 de febrero, Nadia había dicho que acababa de pedir una audiencia al ministro de Seguridad de Corrientes para entregarle copia de su trabajo contra la violencia institucional y de género, como un “aporte” inspirado en su ingrata experiencia. Sin embargo, el pedido recién fue formalizado el jueves 8, después de que sus compañeros de bancada le soltaran oficialmente la mano.

El vicepresidente de la Legislatura: Juan José Bergia, máxima autoridad durante la licencia de Élida Cuesta, desmintió casi desesperadamente a Nadia y su abogado, que se ufanaron de un rotundo respaldo del bloque del Frente Chaco Merece Más. “Sólo la escuchamos, pero el tema aún no fue discutido”, dijo, aunque trascendió el guiño de algún diputado para desactivar el bochorno, y hacer borrón y cuenta nueva.

El tiro por la culata

La insistencia de Nadia tuvo su precio. A través de las redes sociales disparó hacia adentro del Poder Ejecutivo para forzar una reacción a su favor pero, como todo hasta acá, se le volvió en contra. Acto seguido, una lista de organizaciones no gubernamentales exigieron a la Legislatura que debata el caso y la expulse por habernos convertido en un hazmerreír y someternos al escarnio público nacional.

Cuesta creer que la sociedad, curada de espanto, se ruborice por un papelón más. Pero alguien tenía que abrir el juego y ahorrarles a los diputados el trabajo sucio, la ingrata tarea de sentar a una compañera en el banquillo.

Oportuno escándalo

Ahora será el turno de la Comisión Legislativa Permanente convocada para este miércoles.

El presidente del bloque oficialista, adhiriendo a la mirada de Peppo, interpreta que “uno es legislador las 24 horas del día”, y que así como los diputados se arrogan fueros, también deben honrarlos.

El oficialismo ve el escándalo del carnaval como la gota que colmó el vaso y una inmejorable oportunidad para retrotraer las cosas al sábado 15 de abril de 2017, cuando el Gobernador creyó que era una buena idea incluirla en las listas.

Aquella campaña arrancó viento en popa pero a mitad de camino cambió el rumbo tras las denuncias de corrupción y mal desempeño de ella como secretaria legal y técnica. Con la excusa de dedicarse plenamente a promocionar su candidatura, fue excluida de los primeros planos. “Después de las elecciones vuelvo recargada”, dijo, pero sólo regresó para presentar su renuncia.

Las denuncias públicas contra Nadia García Amud a través de las redes y los medios fueron formalizadas por la oposición. Ella desmintió todo a través de Facebook, y el Gobierno prefirió atribuirlas al clima electoral a pesar de que era vox pópuli que habían sido germinadas por el propio oficialismo.

“Si no la echaron entonces, por qué la echarían ahora”, preguntan en Cambiemos. Sencillo: tacharla en plena campaña hubiera impactado negativamente, mientras hacerlo ahora ante flagrante escándalo, no sólo sería positivo para la imagen del Gobierno sino que además le permitiría recuperar el tiempo y el escaño perdidos.

Ante esto, adelantaron que “hay opiniones encontradas”, comprometiendo al oficialismo a unificar criterios por sí o por no.

Desterrada del peppismo, si sobrevive al trance, Nadia tendrá que buscar refugio en el gustavismo o el coquismo, lo que la convertirá en un fusible demasiado sensible en una bancada que para conseguir holgura necesita amalgamar el frente interno.

Otra alternativa sería jugar la individual, conformar su propio bloque y permitirse “dialogar” con todos y, por qué no, postularse como una eventual “pata peronista” de Cambiemos.

Suena exagerado pero es cierto que el único antecedente político de Nadia es la birome de Peppo. Si renuncia o la echan, desde el otro extremo vendrá Juan Carlos Ayala, veterano, de largas carrera y militancia políticas, y sobreviviente de varios picos de imagen negativa pero con la promesa de lealtad que el Gobernador exige a sus diputados.

La letra “chica”

El artículo 105 de la Constitución Provincial dice que “la Cámara podrá, con los dos tercios de votos de la totalidad de sus componentes, corregir y hasta excluir de su seno a cualquier diputado por indignidad o desorden de conducta en el ejercicio de sus funciones y removerlo por inhabilidad física o moral sobreviniente a su Incorporación”.

Pero más allá de la letra, en términos políticos, nadie la echará porque corresponda cuando lo que corresponda no convenga.

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

comentarios