“No accidentes” y “motocaranchos” generan un gasto inútil en Salud, Seguridad y Justicia

Resultan ilesos pero prefieren quedarse en el piso con la expectativa de sacarle provecho a la ocasión. Demandan ambulancias y operativos policiales, y generan causas judiciales.

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Resultan ilesos fingen lesiones y reclaman atención médica de emergencia.

Decenas de accidentes de tránsito ocurren a diario en el Gran Resistencia. La mayoría de ellos protagonizados por motociclistas.

Buena parte de los siniestros son abonados por vehículos que no están en condiciones o no cuentan con las medidas de seguridad, conductores sin casco, o imprudentes que violan a las normas de tránsito o circulan con varios acompañantes.

Las autoridades de Salud Pública insisten en el gasto que generan los accidentes en el sistema sanitario, principalmente en las áreas de Emergencia, Traumatología, Cirugía y Rehabilitación, y sobre las consecuencias en los accidentados.

El primer impacto de los accidentes se da en la Unidad de Control Centralizado de Emergencias Médicos, o “el 107”, como se denomina al sistema de ambulancias; justamente uno de los flancos más débiles de Salud Pública.

Últimamente se multiplicaron las noticias y denuncias por falta de ambulancias en el interior, donde los pacientes son trasladados o derivados de un hospital a otro en la caja de una camioneta o en patrullero.

Y en el Gran Resistencia apenas quedan unas cuantas. Por ejemplo, las dos unidades asignadas al hospital Eva Perón, de Barranqueras, están fuera de servicio y continuarán así por un buen tiempo, tanto que los choferes y paramédicos fueron trasladados a la base de la Uccem en el Perrando.

Pero no todos son accidentes. Muchas veces son “no accidentes”, que de todos modos demandan la utilización de una ambulancia, choferes y médicos, y un operativo policial que involucra patrulleros, efectivos y peritos de criminalística, que deriva en una causa judicial con su correspondiente costo procesal.

Los “no accidentes” son típicos: un incidente de tránsito sin consecuencias para los involucrados, e incluso sin daños en los vehículos, que debería resolverse intercambiando datos de compañías de seguros y la exposición policial voluntaria al día siguiente.

Sin embargo, todo se complica cuando alguno de los protagonistas decide declararse gravemente lesionado y solicita atención médica, a pesar de no presentar traumatismos visibles, e incluso desplazarse sin inconvenientes.

En casos con “lesionados” la Policía tiene la obligación de interrumpir el tránsito, llamar una ambulancia y una comisión de la División Criminalística. Mientras, el “lesionado” aguarda sentado en medio de la calle, vigilando que su vehículo no sea removido del lugar.

Cuando arriba la ambulancia, los médicos lo examinan y firman el alta en el lugar después de no encontrar razones siquiera para prescribirle analgésicos.

Uno “no accidente” tuvo lugar la noche del viernes, en horario pico, en la esquina de la avenida Castelli y la calle Bouvier: dos motos se rozaron y rodaron. Uno de los motociclistas se reincorporó y recogió su vehículo, mientras el otro siguió tendido en el suelo, al igual que su moto.

Los transeúntes desviaron el tránsito al interpretar que podría tratarse de algo grave, ya que tras enterarse que el otro conductor tenía seguro comenzó la queja: “Ay, ay, ayayay, ay…”, manifestando un fuerte dolor en una pierna, aunque sin determinar cuál.

Se puso en marcha el protocolo pertinente y cuando llegó el equipo de emergencia el motociclista lesionado fue invitado a subir, algo que hizo ágilmente, de la misma manera que bajó un minuto después con el alta médico que lo certificaba como “carancho”.

El motociclista que se retorcía de dolor subió a la ambulancia con inusitada agilidad. Un trámite que terminó con el alta médico ahí mismo.

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