Mal perdedor: Coqui faltó a la asunción de Gustavo

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Gustavo Martínez dejó la presidencia del Concejo Municipal y asumió la intendencia de Resistencia.

Por Darío Zarco |

El protocolo de traspaso del mando de la Municipalidad de Resistencia prescinde del intendente saliente, pero no le prohíbe participar y es lo que se espera que haga en el marco de la convivencia democrática.

En 2015 la radical Aída Ayala, tras 12 años en la intendencia, no asistió a la asunción de Jorge Capitanich con la excusa de una invitación al juramento de Mauricio Macri como presidente de la Nación.

Horas más, horas menos, los actos protocolares siempre se programaron para evitar superposiciones. Y este año la flexibilidad batió récord: la jura de Capitanich se adelantó un día para que pudiera ir a la asunción de Alberto Fernández.

Lo mismo ocurrió con el traspaso de la Intendencia, pero él faltó. Eligió participar de la asunción del intendente de General San Martín: Mauro Leiva, que recibió el poder de parte de su padre Aldo Leiva, 4 veces intendente y ahora flamante diputado nacional.

“Terminemos con la larga historia de desencuentros. Pongamos al Chaco de pie entre todos y todas”, había dicho, paradójicamente, en su primer discurso como gobernador a media mañana en la Legislatura.

A esta altura, Capitanich debería saber que no alcanza con improvisar un tono conciliador después de jurar aplastar a los intendentes que no le rinden culto y mandar a “la puta que lo parió” al “forro de mierda del Gobernador”.

Definitivamente, es mal perdedor.

En 2017 perdió todo, no reconoció nada. Para cada revés tuvo una excusa: “Las Paso no son importantes, no definen nada”; “yo no caminé, ahora lo voy a hacer y van a ver los resultados”, dijo. Pero los resultados no cambiaron y siguió derecho: “Son legislativas, no se plebiscitó mi gestión”; “yo no fui candidato”; “los responsables de la estrategia deben hacerse cargo”; “el impacto de las gestiones municipales recién llega a los 4 años”, etcétera.

Al cabo de 4 años se plebiscitó su intendencia y perdió, y otra vez no lo reconoció.

La semana pasada le preguntaron qué pasó en las elecciones del 10 de noviembre, donde su Frente Chaqueño perdió en 8 de los 9 municipios en juego, incluidos Resistencia y Presidencia Roque Sáenz Peña. “Lo importante es que 51 de los 69 municipios corresponden a nuestro signo político”, dijo para escurrirse otra vez.

Así, según sus cálculos de propios y extraños, Gustavo Martínez no es de su signo político, una diferencia que fue el leitmotiv de su campaña por la sucesión.

“Un voto para Diego Arévalo es un voto para mí y para Alberto” y “Los verdaderos peronistas votan a Diego Arévalo”, arengaba promocionando a su candidato.

Pero ante lo inminente, la noche anterior desalojó a Arévalo del bunker del Domo del Centenario donde había festejado 3 veces y prometió arrasar en Resistencia con un envalentonado “no hay 3 sin 4”.

En su buena fe, Arévalo nunca supo bien de qué se trataba, pero dio la cara. Hizo compaña con el muerto a cuestas. Cada discurso era una declaración jurada de promesas incumplidas.

Parece mentira, pero Capitanich no construyó el cementerio prometido ni mitigó el colapso del San Francisco Solano; no resolvió el problema de la basura y el basural de María Sara es una amenaza ambiental 3 veces mayor que al inicio de su gestión; el tránsito sigue tan caótico como siempre y el transporte público de pasajeros multiplicó sus paros. La lluvia es sinónimo de inundación. Los piquetes llegaron, literalmente y cagada incluída, hasta el techo de la Municipalidad y debió mudar su despacho al Domo. Alardeó de la construcción de 750 cuadras de pavimento: 300 con fondos de Vialidad, las últimas inauguradas la semana pasada por el gobernador Domingo Peppo; 250 con créditos del acuerdo entre la Nación y la Provincia por la devolución del 15 por ciento de coparticipación que como gobernador jamás se atrevió a reclamarle a la entonces presidente Cristina Fernández; y el resto a financiadas a medias con los vecinos.

A pesar de todo, Arévalo consiguió más de 17 puntos. No pudo ofrendarle un cuarto triunfo. Un tercer puesto después de 3 victorias, para Capitanich, es algo más que una derrota aunque se resista a asumirlo.

Capitanich tenía 3 planes para Resistencia: Plan A con A de Arévalo intendente gracias a mí; plan B con B de Borrarse si Arévalo perdía; y plan C con C de Cagar a Gustavo para que no llegue a la intendencia.

Salió B. Y no disimuló: a las 18 salió a lavarse las manos. Aclaró que era completamente ajeno a las elecciones (y a la derrota). Tomó 2 semanas de licencia y volvió pidiendo humildad, a los demás, obvio.

A la mañana Capitanich pidió dejar atrás los desencuentros y a la tarde se desencontró y apareció en la asunción del intendente de San Martín.

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