Macri celebra el primer año con una torta de Ganancias

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Mauricio Macri "unió" a la oposición a un año de su debut como Presidente de la Nación.

Por Pablo Vicente Bardero |

La eliminación del impuesto a las Ganancias en los salarios era la vedette de las plataformas de los candidatos presidenciales, empezando por los tres más votados: Mauricio Macri juró que ningún trabajador pagaría Ganancias; Scioli prometió subir sustancialmente el mínimo no imponible; y Massa dijo que lo eliminaría el primer día. Ganó Macri, pero no sólo todavía no cumplió, sino que está claro que no tiene apuro en cumplir.

El tema se debatió en la Cámara de Diputados y surgieron desniveles entre el oficialismo que pretendía atenuarlo un poquito y la oposición que planteaba alternativas, desde darle una vuelta de rosca al proyecto oficial hasta exigír su eliminación absoluta.

El Gobierno contraatacó y exigió a sus detractores un plan de financiamiento para cubrir el pozo vacante. Así aparecieron al fin los impuestos al juego y a la renta financiera, un debut para el kirchnerismo que durante sus doce años del otro lado del mostrador los consideró tabú.

Sergio Massa pretendía instalar un proyecto superador y superar a sus coterráneos opositores. Pero la radicalización del oficialismo lo empujó a abrazarse con Axel Kicillof, y a los dos a fundirse con Diego Bossio que no podía faltar en la foto del reencuentro peronista.

Así, la esperanza opositora terminó tendiéndole un puente a Macri cuando se hundía en sus promesas incumplidas. Quizás la superó la avidez de un triunfo, tras la frustración de no haber podido capitalizar la ley antidespidos y el autómata veto presidencial.

La victoria podría volverse pírrica si la idea comunitaria por la que brindaron eufóricos reprueba el examen del Senado. Y si se modifica la esencia que posibilitó el consenso, la excusa perfecta quedará servida para quienes quieran abandonar la panorámica del martes.

El “debate” es clave. Por eso el Presidente inquiere a los gobernadores. No debería hacerlo, sin embargo lo hace. El porqué: arrancarles un compromiso aún sabiendo que no podrán cumplir, como Domingo Peppo, que no tiene diputados ni senadores para sumar.

No hace falta presión. El impacto fiscal es suficiente para que los gobernadores hagan causa común con Macri, como el caso nuestro, que se adelantó y confesó abiertamente que el proyecto del oficialismo era “más benévolo” que el elaborado por sus partidarios unidos.

En el Senado, Eduardo Aguilar, presidente de la Comisión de Economía, entiende que el proyecto es inviable y que demandará más que un retoque. Para él, los mínimos deberían estar unos 10 mil pesos por debajo de lo aprobado, casi como si quisiera partir la diferencia.

Aún cuando el Senado ratifique la media ley enviada por Diputados, el Presidente todavía tiene la última palabra y sobreactúa su desazón sólo para preparar el veto. Y no le preocupa el costo político que terminará prorrateado en una difusa lista de beneficiarios.

Para festejar su primer aniversario en la Presidencia, quizás la oposición pretendió convertirse en la pesadilla de Macri pero, al parecer, terminó cumpliéndole un sueño.

 

 

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