Lágrimas de cocodrilo

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El gobernador Capitanich dijo que acepta sugerencias pero que lo que hay que hacer es lo que él está haciendo, y que llora por el dolor de los chaqueños.

Por Darío Zarco |

“¿Ustedes creen que en la intimidad uno no llora?”, dijiste para lanzar la campaña “Pro empatía con el gobernador”. Así cerraste el domingo otro de tus recitales de grandes éxitos, entre ellos 52 nuevos casos positivos de coronavirus en Chaco, 1582 en total.

La madrugada del viernes murió el doctor Miguel Duré, el general más esencial del servicio más esencial en la guerra del coronavirus. Jefe de la Unidad de Terapia Intensiva del hospital Perrando, prácticamente la única de la provincia y una de las más importantes de la región. 80 murieron antes que él.

Las estadísticas oficiales dirán “Covid-19”, “81” y “blablablá”. Pero sus compañeros juran que murió porque le mezquinaron un barbijo.

La tristeza y la bronca se amplificaron por la certeza de saber que algo tan tremendo e irreparable podía evitarse tan sencillamente, pero aún así no se evitó.

Lloraron y aplaudieron. Despidieron al jefe, maestro, compañero de trabajo. Lo escoltaron hasta la puerta. La ambulancia dobló y apenas se perdió en Vélez Sarsfield volvieron a hacer lo que Duré hubiera hecho por ellos: salvar vidas, aún sin barbijos.

Esperábamos que ordenaras una investigación mientras las renuncias caían de maduras, pero eso no ocurrió. En cambio, tu gobierno borró olímpicamente al doctor Duré.

Vos, el Ministerio de Salud, la ministra y los directivos del Perrando firmaron compungidas condolencias en las gacetillas oficiales que todo el mundo rechazó.

Punto y seguido, el médico por el que tanta gente rezó con nombre y apellido pasó a ser “un hombre de 53 años internado en el hospital Perrando”. Y lo asentaron el jueves, cualquiera diría que para evitarse el récord de 5 muertes en un día.

El sábado te levantaste acusando al personal de Salud Pública de ñoquis y de robar insumos y medicamentos en los hospitales. Como si fueran ellos los responsables de la falta de recursos materiales y humanos. Como si valiera la pena morir por un barbijo.

A esa hora, usando como excusa una denuncia de “la oposición”, tu subsecretario de Legal y Técnica, interventor de la Defensoría del Pueblo, “auditaba” el stock de insumos y EPP en el Perrando, y firmaba al pie el listado que publicó la directora en Facebook.

“No hay anomalías ni faltantes de insumos en el Perrando”. “El funcionario constató la existencia de insumos y condiciones óptimas para garantizar la salud», recalcó la prensa oficial, y a continuación escaneó: “Barbijo N95: 2138 unidades; barbijos triple capa: 66828…”.

“No somos soberbios, tenemos la humildad y la grandeza para admitir errores. Estamos siempre dispuestos a escuchar todas las voces. Pero la verdad es que lo que había que hacer es lo que hicimos nosotros”, dijiste. “La verdad es” que sos tan humilde que ni se te nota.

Por enésima vez remarcaste cuánto te duele el dolor ajeno, y subiste la vara: “Cuando muere un chaqueño, muere un hermano mío”. Sin embargo, es evidente que ninguna muerte te acongoja tanto como “la crítica infundada” (agrego: ni de ningún tipo).

Después de pasearnos sin rumbo por las fases 2, 3, 4 y casi 5, te declaraste pionero en la vuelta a la Fase 1 como si fuera sinónimo de éxito. Y señalaste que el gobernador de Jujuy sigue tus pasos. Pero obviaste un detalle: Jujuy tiene 13 casos, Chaco: 1582 y 85 muertos.

Definitivamente, no somos ejemplo de nada. Venimos atrás. Apurá el tranco. La muerte no espera. No hay tiempo para llorar.

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