La ley del aborto cayó en la grieta 

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Por Darío Zarco | 

Cuando los argumentos son sí porque sí y no porque no, el debate siempre será largo e inútil. El proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo es uno de esos casos en los que no puede imponerse la razón objetiva simplemente porque no existe. Y, como es natural en democracia, la mayoría decidirá entre una subjetividad y otra.  

“La penalizacion fracasó y hay que probar otra cosa”, dijo la diputada nacional Aída Ayala para justificar no sólo su voto a favor sino su cambio de postura de un extremo al otro. Pero con eso admitió que la ley contra el aborto no se cumple y su propuesta, a prueba y error, es otra ley que no sabe si se cumplirá.  

Después de la aprobación de la media sanción en Diputados, la senadora Cristina Fernández anunció un giro radical como el de Aída Ayala: votará a favor de la legalización del aborto que, a pesar de su simpatía con los sectores que la impulsan, cajoneó como senadora y los ocho años que fue presidente de la Nación. 

Es que cuando las cuestiones se dirimen en términos políticos, no importa lo que corresponda sino lo que convenga. Los que estaban en contra y terminaron a favor denunciaron presiones de los sectores “progresistas”, y los que estaban a favor y terminaron en contra denunciaron presiones de la Iglesia y otros “conservadores”. 

La verdad es que lo hicieron inspiradas por la gente en la calle, un fenómeno que seduce a los políticos, aún cuando ya no significa tanto. Por ejemplo: Cristina dejó el gobierno con una Plaza de Mayo colmada de bote a bote tras la derrota del kirchnerismo, y al otro día Macri, que lo había derrotado, asumió con una plaza pelada.  

El aborto no sólo abrió el debate sino otra grieta en la política y la sociedad argentinas. Y ya las dos facciones anunciaron mantenerse en sus trece más allá del resultado en el Senado. Seguramente, este ejercicio a favor y en contra irá decantando fanatismos y a la larga generará argumentos sólidos que hoy escasean.  

Haciendo números 

A pesar de que, por obvias razones, no hay estadísticas oficiales, se dice que en Argentina se practican 500 mil abortos por año. Es decir que el 40 por ciento de los embarazos terminan en aborto, ya que en ese tiempo hay 750 mil nacimientos. 

Las mismas estadísticas hablan de 43 muertes por abortos clandestinos por año en todo el país. Eso significa una muerte cada 11.627 abortos, una cifra ínfima si tomamos en cuenta que la mortalidad materna asciende a 3,5 casos cada 10 mil nacimientos y en algunas provincias la cifra supera los 8. Entonces, o los abortos clandestinos no son tantos o son siete veces más seguros que los partos en el hospital.  

Desde otra perspectiva, y haciendo números redondos: si las mujeres fueran la mitad de la población argentina (22 millones) y la mitad estuviera en período fértil (11 millones), y este lapso fuera de 35 años (17,5 millones de abortos clandestinos), todas las mujeres llegarían a la menopausia habiéndose practicado 1,5 aborto, ergo: por cada una que no haya abortado, otra habrá abortado 3 veces. 

Cuándo comienza la vida 

“Una uña también es vida humana, pero uno se corta las uñas sin problemas”, dijo el exministro de Salud de la Nación, Ginés González García, desafiando al sentido común, porque cualquier lego sabe que las uñas pueden crecer metros sin convertirse en seres humanos. Y en el otro extremo están los que creen que un embarazo es obra de Dios.  

En el medio quedamos los que no creemos en Dios pero sabemos que, por su potencialidad, un embrión a la larga se convertirá en un tipo como nosotros y que lo ideal es preservarlo hasta que pueda valerse solo. 

Educación sexual 

La falta de educación sexual fue aprovechada al máximo para argumentar en los dos sentidos.  

A favor, se dice que buena parte de los embarazos no deseados ocurren por la falta de educación sexual, producto de la resistencia de los sectores conservadores más radicalizados. Y en contra, se apunta a profundizar la educación sexual como método para reducir el número de potenciales abortos.  

Sin embargo, los embarazos no deseados que terminan en abortos clandestinos rara vez son producto de la ignorancia. Los métodos anticonceptivos están ampliamente difundidos y, por supuesto, son de más fácil acceso y más económicos que un aborto. ¿Alguien sabe dónde abortar por 20 mil pesos pero ignora donde comprar un preservativo por 15? 

Objeción objetada 

El proyecto contempla la objeción de conciencia personal y un sector exige incorporar también la objeción institucional, aunque ésta será “garantizada” por los empresarios aunque la ley lo prohíba. ¿Qué médico practicará un aborto en contra de los intereses o las directivas de los propietarios de las instituciones? 

Al margen de la objeción que no se podrá evitar, el proyecto propone la confección de una nómina de objetores cuando sería más práctico una lista de médicos habilitados, que es la información que realmente se necesita. 

Violación en segundo plano 

El aborto ya es legal en casos de violación. Ahora el proyecto habilita extender el límite de las 14 semanas, a pesar de que se supone que la demanda es más urgente.  

Además, no es necesario denunciar el delito sino que basta con una declaración jurada, algo que se entiende que podría ser una excusa para quienes lleguen después de las 14 semanas, último plazo para el aborto libre. Pero lo más preocupante es que se desaliente la denuncia de la violación en vez de instruirse sobre cómo proceder en esos casos: denunciar inmediatamente, preservar posibles pruebas, etcétera.  

La duda más preocupante es qué ocurrirá en casos de abusos intrafamiliares, sobre todo cuando la víctima es menor y debe acudir en compañía de sus padres que quizás sean los mismos abusadores. 

Violación, embarazo y muerte en el Chaco 

Las estadísticas utilizadas para la legalización dicen que 9 de las 43 víctimas de abortos clandestinos que ocurrieron en el país en 2017 son chaqueñas. Esto pone al Chaco en el peor lugar, ya que, en proporción a la población, su tasa debería ser de un caso. 

También se señala la descomunal cantidad de embarazos adolescentes e infantiles, buena parte producto de violación. Y como ejemplo se cita a la niña wichí de 10 años, desnutrida, hallada por casualidad a punto de parir en El Impenetrable; que fue asistida por Salud Pública en Resistencia pero después del parto fue devuelta al lugar en el que había sido violada.  

Está claro que en situaciones como estas no falta el aborto sino la educación, la seguridad, la salud y todas la garantías que competen al Estado. 

Alto nivel de siniestralidad 

Uno de los aspectos más explotados para defender el aborto es la “elección”. Se acusa a los opositores de “obligar a ser madres” a quienes pudieron haber concebido por “accidente” o dieron marcha atrás en su “planificación” familiar. Pero se pasa por alto que para llegar a ese punto ya hubo un acto sexual que implica una voluntad (de otro modo sería violación). 

Entonces no se trata de elección vs. obligación, sino de aceptar o eludir las responsabilidades, sobre todo tratándose de personas instruidas, sexualmente hablando. Y aunque pueden ocurrir “accidentes”, incluso en los accidentes hay una responsabilidad (civil y a veces penal) que el actor debe asumir por su conducta, sea culposa, dolosa o con dolo eventual. 

Aún a riesgo de banalizar el debate, pensemos en el tránsito: está prohibido conducir sin capacitación certificada con una licencia emitida por las autoridades, el vehículo debe tener revisión técnica y el responsable debe contratar un seguro que responda por él en caso de siniestro. Y con todo en regla debe respetar las normas de tránsito y la sola inobservancia significará una sanción, aún cuando no haya dañado a terceros. 

Si Favaloro viviera… 

El senador chaqueño Eduardo Aguilar, que está a favor, fundamentó su voto parafraseando al doctor René Favaloro: “Estoy harto de que se nos mueran chicas pobres para que las ricas aborten en secreto”, dijo el médico hace más de 20 años. 

Sin embargo, Favaloro no defendía la legalización del aborto como se le quiere atribuir llanamente, sino que condenaba la desigualdad, comparando a “la pobre desgraciadita que no tiene ningún recurso” con “la niña rica a la que el padre lleva a abortar en secreto y a la noche ya puede ir a bailar”.  

Para entender su postura hay que saber que cada vez que se refería al tema subrayaba: “Legalizar no es autorizar a que todo el mundo se haga un aborto. El aborto es un acto criminal, sin ninguna duda”.  

La Iglesia y la transversalidad 

Se pretende asociar a quienes se oponen al aborto con quienes se oponían al divorcio y al matrimonio igualitario metiendo a todos en la bolsa de la Iglesia, relativizando la transversalidad del debate y la capacidad individual de los argentinos. 

La Iglesia católica más el resto del cristianismo son una buena parte, pero no son todo ni son concluyentes. El dogma no tiene incidencia cuando, como en este caso, cae dentro de las conclusiones científicas que señalan la concepción como el inicio de la vida. 

Sin ir más lejos, políticamente, el kirchnerismo aplaudió al oficialista Fernando Iglesias en Diputados. Y, en términos religiosos, el senador Miguel Ángel Pichetto se confiesa católico pero está a favor, después tanto tiempo comandando al mayoritario Frente para la Victoria, que podría haber apelado a la aprobación automática de la ley pero no lo hizo. 

Varones ausentes 

Es innegable la gestión de las organizaciones feministas en la generación y el debate del proyecto. Justamente por eso llama la atención la ausencia de los varones. Los extremos exageran, por un lado: “Es mi cuerpo, es mi decisión”, y por el otro se dice que la “maternidad no deseada” habilita a los hombres a alegar una “paternidad no deseada”. 

Los embarazos demandan indefectiblemente la intervención de un varón. Pero la ley los elude y al eludirlos los exime de toda responsabilidad. 

Hoy los hombres “se hacen cargo” a partir de “reconocer” un hijo que antes del trámite ya tiene ADN pero, paradójicamente, no tiene nombre ni apellido.

Pero la falla más grave es no generar las condiciones para evitar más violencia machista de los que con la ley en la mano “induzcan” a abortar. 

La grieta devoró las ideas 

El proyecto tiene casi todos sus flancos débiles, lo que derivó en los cuestionamientos que impidieron el dictamen. Esta falta de acuerdo se definirá en la Cámara de Senadores, donde el “tantero” adelanta un rechazo.  

La conclusión del debate es curiosa: ambos bandos coinciden en que los abortos seguirán existiendo, pero ante la inminencia los “pro” piden legalizarlos, mientras los “anti” proponen atacar las causas. Estas posturas a corto y largo plazo no son incompatibles, pero la discusión se tornó tan cáustica que la grieta se ensanchó irreconciliablemente tragándose las coincidencias.  

Para los que abogan por “las dos vidas”, cada aborto implica una muerte, mientras quienes pugnan por la aprobación ven sólo el riesgo de la mujer y piden salud y seguridad.  

Quizás el punto medio sea contemplar, además de las violaciones o los riesgos de vida, otros casos como la falta de educación sexual y de acceso a métodos anticonceptivos, familias muy numerosas, la edad (muy jóvenes o muy mayores)… Mientras, asistir a las embarazadas en estado de vulnerabilidad, garantizar el empleo y la vivienda, agilizar trámites de adopción… 

Habrá abortos, con o sin ley. Habrá abortos legales que terminan en tragedia por las deficiencias del sistema sanitario, y habrá clandestinos porque los pruritos y el negocio seguirán existiendo. Pero, fundamental y lamentablemente, habrá desigualdad porque la legalización no llegará adonde no llega el Estado con educación sexual ni de ningún tipo, ni salud, ni comida, ni agua, ni nada. 

 

 

 

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