La boina no se mancha 

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Por Elina Nicoloff |

La democracia garantiza libertad de expresión y esta nos permite hacer lo que políticamente nos parece más adecuado, no así lo conveniente u oportuno. Esa misma libertad de expresión nos da derecho, con serenidad y fundamentos, a establecer la sideral diferencia entre pensamiento y obra de ambos ex presidentes: Hipólito Yrigoyen y Cristina Kirchner.

Hipólito Yrigoyen  levantó como banderas políticas la moral administrativa, el federalismo y la inclusión educativa. Y manifestó que su programa de gobierno era la Constitución de la Nación, sintetizada en el Preámbulo.

Moral administrativa resumida quizás en su decisión de donar su sueldo a la beneficencia, rasgo que no fue precisamente el distintivo de los gobiernos peronistas del matrimonio Kirchner constituidos en los más corruptos de la historia argentina.

El federalismo expuesto en una equitativa distribución de la riqueza durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen que ha tenido una curiosa interpretación en los gobiernos peronistas del los Kirchner en los cuales se entendía que los recursos debían ser acumulados en el poder central para poder poner de rodillas a millones de argentinos,  gobernadores e intendentes.    La permanente actitud de apadrinar a los dóciles  y negar todo a los desobedientes, como el caso de los gobernadores de Córdoba, Santa Fe o San Luis que debieron recurrir  la Corte Suprema para que la Nación cumpla con compromisos asumidos mediante pactos preexistentes,  es un claro ejemplo.

Inclusión educativa plasmada en el acompañamiento de Hipólito Yrigoyen al proceso que culmino con la Reforma Universitaria de 1918  permitiendo que las universidades dejaran de ser un ámbito reservado a las elites de la sociedad para abrir sus puertas a jóvenes sin importar su condición económica o social. El kirchnerismo  se distinguió por el millón de jóvenes que ni estudian ni trabajan, el 50% de adolescentes que abandonan la escuela secundaria y solo el 12% de los hijos de familias  humildes acceden a la universidad.

Finalmente citar la Constitución como programa de gobierno nos impone la obligación de respetar y asegurar el ejercicio de los derechos y garantías de todos por igual.   Frente a eso, hubo un gobierno que anunció con orgullo “ir por todo”, convirtiendo el Congreso en una escribanía y procurando cooptar el Poder Judicial para que los jueces adictos garanticen no solo impunidad para los propios, sino persecución para los adversarios. A este último propósito obedeció la creación de ese reducto kirchnerista llamado pomposamente “Justicia Legítima”.

Como si todo esto no hubiese sido insuficiente en lo que consistió un plan predeterminado para instalar un sistema  populista funcional al mayor saqueo al Estado Nacional que se recuerde en la historia del país, la ex Presidente Cristina Kirchner aceptó participar del homenaje a Hipólito Yrigoyen con motivo de recordarse el centenario de la llegada al gobierno del primer presidente elegido legítimamente por el voto popular.

Pareciera ser que Cristina, inmersa en ese universo virtual y paralelo a la realidad del país que caracterizó sus gobiernos,  entiende que sumándose a ese reconocimiento será  portadora de los principios y valores que caracterizaron la vida y obra de Hipólito Yrigoyen.

A sus palabras de ese día, le digo: Si, señora ex Presidente, la herencia recibida es muy pesada, tanto como usted perfectamente conoce en su intimidad. Sabe que nos dejó un país con 13 millones de pobres, 15 millones de argentinos dependiendo de planes sociales sin posibilidad de jubilarse al llegar a su vejez,  sin acceso a salud y educación de calidad, sin posibilidad de tener una vivienda digna,  sin servicios esenciales como agua y cloacas. O los 2,5 millones de jubilados a los cuales les negó el 82% móvil por años condenándolos a la indignidad.

Nos dejó un país en default, aislado del mundo. Con cepo cambiario y 5 cotizaciones diferentes del dólar. Cuatro años de déficit fiscal. Cuatro años  sin crecimiento. Manipulación del INDEC para esconder pobreza e inflación. Contracción de la actividad industrial y las exportaciones. Desabastecimiento energético. Subsidios millonarios al amparo de la corrupción. Sector de mediana y pequeña producción y economías regionales en extinción. Pymes en extinción. Etc, etc, etc…

No señora ex Presidente,  no vamos a devolverle el gobierno como seguramente habrá anhelado desde el día en que dejó el poder. ¿Sabe porqué?  Porque muy a su pesar, y de algunos pocos aplaudidores que aún la rodean, el pueblo argentino se hartó de las mentiras, la corrupción y la soberbia de sus gobiernos. Votó por personas que no son perfectas ni infalibles,  pero son honestas y están comprometidas con recuperar una Patria federal, justa, en la que todos tengamos las mismas oportunidades.

No se confunda señora ex Presidente,  a esta altura de su vida debería saber que no todo tiene un precio. La honestidad, la decencia, la sinceridad, y muy especialmente la admiración y el respeto,  no se pueden comprar. Señora ex Presidente, en homenaje al legado de Hipólito Yrigoyen, sepa usted que la boina no se mancha.

 

 

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