Fotomultas en Brasil: los argentinos llevan la viveza criolla de vacaciones

Embarran las patentes para eludir la lente de las cámaras de fotomultas. La Policía ya está preparada y aplica multas a quienes tengan sus chapas sucias.

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Un efectivo de la Polícia Rodoviária Federal no puede creer la mala suerte de los argentinos: todos los autos embarrados.

La Polícia Rodoviária Federal ya compiló un manual de avivadas de los automovilistas argentinos para evitar las fotomultas en el tránsito tanto en las rutas como dentro de las ciudades.

Violar el límite de velocidad y cruzar semáforos en rojo son las faltas más cometidas por los argentinos, y le siguen otras relacionadas a su propia seguridad, como ignorar los cinturones o niños en los asientos delanteros.

Para sortear la infalibilidad de los radares de velocidad, los argentinos ya probaron de todo para obstaculizar la lectura de la chapa patente o impedir a la cámara enfocarla con precisión.

Cintas flameando, simulando la devoción por algún santo; la propia estampida del santo pegada sobre algunos de los caracteres; los clásicos CD; quitarle directamente las patentes con la excusa de los tornillitos flojos, son algunas de los artilugios más rudimentarios.

A esto, los más hacendosos le aportan algo de tecnología como pantallas “fantasmas” que no impiden la visibilidad de la patente pero engañan a la cámara, y vinilos que se superponen prolijamente sobre las letras y las “borran” cuando la cámara dispara el flash.

Pero todas estas mañas requieren de la intervención deliberada del conductor, lo que, en caso de ser atrapado, no sólo no lo exime de la fotomulta sino que lo hace merecedor de una sanción extra por la avivada.

Pero como bien dicen que “hecha la ley, hecha la trampa”. Nuestros compatriotas le dieron otra vuelta de rosca a su argentinidad y en un giro hacia la naturaleza, ahora enchastran ambas patentes con barro.

El disparo del puñado de barro demanda de cierta destreza: debe ser certero, generoso y contundente como para ocultar la mayor cantidad de caracteres posibles y permanecer adherido a lo largo del tiempo y la distancia.

Dicen que al principio funcionó a la perfección, pero todo se cayó porque los bodoques aparecían extrañamente en autos impecablemente lustrados, y algunos obsesionados hasta llevaban un baldecito con la mezcla lista en el baúl.

Ahora, la Policía ya incorporó el “esfregaço” al catálogo de trucos que merecen una multa de 293 reales, aplicable aún cuando no se haya cometido otra infracción.

 

 

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