El fantasma de la corrupción vigila la campaña en Resistencia

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Por Darío Zarco |

Jorge Capitanich arrancó su gestión como intendente de Resistencia denunciando sobreprecios en la intendencia de su antecesora Aída Ayala, desde la recolección de residuos hasta la construcción de pavimento.

Dijo haber renegociado los contratos con la compañía Pimp SA, que gracias a eso prestaría un servicio de “excelencia” a un costo sustancialmente menor. Pero la denuncia no se formalizó y fue a parar justamente a la basura.

La gestión anterior había enfrentado varias denuncias y más rumores de sobreprecios. Le cuestionaron la repetición, licitación tras licitación, de Ingeniero Pedro A. Martínez Construcciones, que elevó las sospechas al nivel de “cartelización”.

En diciembre de 2016 el secretario de Obras y Servicios Públicos: Diego Arévalo, hoy candidato de Coqui a la intendencia, denunció que Aída planeaba repavimentar la avenida 9 de Julio por un monto 155 por ciento superior al calculado por ellos.

En 2018 se destaparon las ollas de presunto lavado de activos en la función pública. La causa Lavado 2 apuntaba y apunta a la exintendente, ahora diputada nacional, y al secretario general del Sindicato de Trabajadores Municipales y también candidato a intendente: Jacinto Sampayo.

La Justicia Federal citó a dos testigos claves: Capitanich, que había renegociado el contrato con Pimp, y Arévalo que había detectado monstruosos sobreprecios en la obra pública.

El intendente, que a esa altura alquilaba compactadores por su cuenta, sólo presentó un borrador de la renegociación que ni siquiera él había firmado y que la interventora judicial, a cargo de la empresa por la detención de sus dueños, consideró inviable.

También defraudó su secretario de Obras Públicas, que al salir de la audiencia recalcó que no sólo no denunció los famosos “sobreprecios” sino que ni siquiera había mencionado la palabra. Sólo planteó “diferencias” en la cotización.

Puro prejuicios, uno tiende a creer que la parada se achicó porque el ingeniero Pedro A. Martínez, constructor predilecto de Aída, que también está procesado y fue detenido en la causa Lavado 2, es suegro de Diego. Pero no hay que descartar otras hipótesis.

El fiscal federal Patricio Sabadini sospecha que el ingeniero Martínez (con una de sus hijas, cuñada de Diego) participó de una mafia de funcionarios, empresarios, testaferros y afines, a la que la Municipalidad le servía abultados contratos en bandeja. Y hasta acá la juez Zunilda Niremperger le dio la razón.

En los últimos días Coqui mandó a su delfín a buscar el voto peronista polarizando con el candidato radical Leandro “El Zorro” Zdero, ignorando al presidente del Concejo Municipal, Gustavo Martínez, candidato por CER para Todos.

Pero el fantasma de Lavado 2 lo sigue tan de cerca que le impide dispararle al Zorro. Podría tirarle a matar con su pasado como jefe de Gabinete de Aída, sabiendo que lleva un año y medio haciendo lo imposible por despegarse de ella.

Sin embargo, sólo se atreve a gatillar una tímida salva: “Prometen lo que no hicieron cuanto estuvieron”, aunque él promete exactamente lo mismo. Pero la segunda propuesta de ambos es la más temeraria: más pavimento, más obra pública.

 

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