En una consulta caótica, el 90 por ciento de Cataluña votó por su independencia

El operativo de las fuerzas de seguridad españolas para evitar que se realizara el referéndum separatista terminó en una violenta represión que dejó centenares de heridos. La declaración es inminente.

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El jefe del Gobierno de Cataluña dijo que el resultado del referéndum fue rotundo.

El gobierno de Cataluña se lanzó anoche a la insurrección. Al cabo de una jornada electoral dramática, con represión policial y cientos de heridos, el presidente regional, Carles Puigdemont, anunció su voluntad de avanzar esta semana con una proclamación unilateral de la independencia.

Dio por válidos los resultados del referéndum que celebró a pesar de la prohibición judicial y de un inmenso operativo de las fuerzas de seguridad españolas para cerrar los colegios, desalojar por la fuerza a los votantes y secuestrar urnas.

“Nos hemos ganado el derecho a tener un Estado independiente que se constituya en forma de república, de acuerdo con lo previsto en la ley del referéndum”, dijo Puigdemont, pasadas las 22. Esa norma, declarada ilegal por los tribunales, sostiene que la ruptura se proclamará dentro de 48 horas.

La crisis más grave en 40 años de democracia en España está en marcha. Si el separatismo concretara la amenaza, el gobierno de Mariano Rajoy respondería con la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que le permitiría suspender la autonomía catalana. La Justicia podría imputar a Puigdemont y sus aliados por delitos como el de rebelión, sancionado con penas de entre 15 y 25 años de cárcel.

Los independentistas resistirán en la calle. Lo demostraron desde la madrugada del domingo, cuando ocuparon cientos de escuelas para impedir que la Policía cumpliera la orden judicial de cerrarlos. Y allí seguían a la medianoche, después de los disturbios, a la espera del resultado oficial.

Los datos los brindó el vicepresidente Oriol Junqueras: dijo que habían votado 2,2 millones de ciudadanos (de un padrón de 5,3 millones), de los cuales el 90% se inclinó por la independencia. El escrutinio era un acto de fe. La acción judicial tiró abajo el sistema informático en los centros electorales, no había fiscales imparciales y nada impedía que alguien votara dos veces.

“La represión salvaje del gobierno de Rajoy horroriza a la enorme mayoría de los catalanes, obstaculizó la votación y reafirma la desconexión respecto de un Estado que no respeta nociones democráticas básicas”, afirmó Junqueras.

Los choques en las calles de Barcelona, Girona y otras ciudades ocurrieron sobre todo por la mañana. Dejaron 800 heridos, dos de ellos graves, según las autoridades catalanas. Pero sobre todo aportaron una imagen de descontrol que indignó incluso a muchísimos catalanes que no apoyan la ruptura y encendió alarmas de preocupación en Europa.

La revuelta en Cataluña pone a Rajoy contra las cuerdas. “Hemos hecho lo que debíamos hacer”, dijo, a las 20.21, en un discurso al país desde el Palacio de la Moncloa. Defendió la actuación de la Policía ante “quienes violan la legalidad y rompen la convivencia”. Y proclamó: “El referéndum independentista simplemente no existió”.

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