El dilema de Macri: ser buen presidente o buen hijo

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Por Pablo Vicente Bardero |

La mujer del César debe ser honrada y parecerlo. Por eso el Presidente no tiene que dar explicaciones del acuerdo entre el Estado y el Correo, sino disolverlo directamente.

Qué es el acuerdo es fácil de explicar para Macri. La empresa de su padre se declaró en quiebra hace 17 años, ofreció muy poco a sus acreedores y el mayor de ellos: el Estado, no reclamó la ejecución de la quiebra. Entonces eran 300 millones y ahora serán 600 en cómodas cuotas a largo plazo. Mirando la mitad llena del vaso podría decirse que peor es nada, y que podría ser peor aún si la deuda sigue a la intemperie, expuesta a la inflación y la devaluación.

Qué parece es un poco más complejo. La subjetividad es vasta, al contrario de la letra acotada de las normas. No vale decir que es legal si no lo parece, el Gobierno puede ajustarse indefectiblemente a las normas pero no servirá de nada si no se ajusta políticamente a las formas.

En vez de correr con la ley de quiebras por las sombras, Macri debió haber expuesto la situación entre el Estado que él preside y la empresa presidida por su padre. Siendo quien es, el conflicto se tornó excepcional y demanda una solución excepcional.

Podría haberse conformado una comisión de interesados que asegure no sólo el control del acuerdo, sino que también fije las pautas del mismo. Que determine el monto de la deuda y la forma de pago. Y que reedite el diferendo desde el principio para alumbrar a los responsables de la desidia que achicharró la deuda del Correo de los Macri al cabo de tantos años.

Mauricio Macri sigue gobernando con el método de prueba y error, y con una tan oportuna como sospechosa torpeza. Avanza por donde quiere, aún a sabiendas de que no podrá pasar. Es que en la relación costo-beneficio, equivocarse y dar marcha atrás le sigue dando saldo favorable y siempre existe la posibilidad de salir disimuladamente con la suya.

Un ejemplo: nombró dos ministros de la Corte Suprema por decreto; propios y extraños destrozaron el decreto, lo tildaron de tirano y dos meses después le dieron el OK en el Congreso. Y otro: trasladó el Día de la Memoria salteando el 24 de marzo, una de las fechas más sensibles de nuestra historia reciente, fue tachado de siniestro, se retractó y siguió como si nada hubiera pasado.

Y ahora volvió a retroceder, aunque tarde, apelando a instancias y organismos de control que no existen para un conflicto de intereses como éste. ¿Cómo cobrarle a su propio padre una deuda que, aunque vieja y devaluada, simples desconocidos en nombre del Estado le perdonaron durante 17 años? Debería optar entre ser un buen presidente o un “buen hijo”.

Pero el conflicto “familiar” de Mauricio Macri tiene solución. ¿Por qué sigue vigente la ley de quiebras adecuada para sobrevivir en la crisis de 2001? ¿Por qué discutimos la quiebra de una empresa después de una larga década ganada en la que pudo haberse recuperado tantas veces?

Definitivamente, no parece tan difícil actualizar las “formalidades” para que al ser y al parecer no los separe una millonada de distancia.

 

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