Del huevo podrido al culo sucio: Peppo cumplió un año sin Rey

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Por Darío Zarco |

 

Un año atrás Horacio era Rey y Peppo apenas gobernador.

EL 1 de marzo de 2018 en la apertura del período ordinario de sesiones, el gobernador Domingo Peppo se explayó anchamente en la Legislatura con un discurso escrito por su mano derecha: el secretario general de Gobierno y Coordinación, Horacio Rey.

“Hicimos mucho énfasis en la transparencia; lanzamos el Portal de Transparencia, acceso a la información; se creó la Oficina de Transparencia; se diseñó el Portal de Datos y en internet están todos los datos de los funcionarios”, dijo y lo aplaudieron.

Una semana después estaba a punto de volar a The George Washington University para dar cátedra de esa transparencia cuando la Justicia Federal pateó las puertas de la Casa de Gobierno persiguiendo a su funcionario más groso sospechado de corrupción.

El Gobierno transparente apenas llevaba dos años y pico de gestión y ya había volado la tapa de la olla de la pauta publicitaria oficial: la bolsa de fondos públicos destinados a la propaganda manejada históricamente de manera discrecional.

Antes de abandonar la provincia, Peppo suspendió en el cargo hasta nuevo aviso a Horacio Rey para evitarle obstáculos a la Justicia, según dijo, y encargó al vicegobernador Daniel Capitanich la firma del decreto pertinente.

La suspensión quedó en suspenso porque el decreto nunca se firmó, pero el lunes siguiente Horacio acompañó el gesto y renunció, convencido de que se trataba de un malentendido y que todo se aclararía rápidamente.

A su regreso Peppo llamó a la prensa para amplificar el éxito de su misión en Estados Unidos. Buscó camuflar el tembladeral que intentó sin éxito relativizar una semana antes mandándose a mudar, con medio gabinete apilado en el banquillo.

Dijo blablablá pero no resultó. Todas las preguntas estaban referidas al tema y él respondía lavándose las manos. Juró ignorar lo que hacía por izquierda su mano derecha, más allá de lo que aparentaba. Distraído, se convirtió en huevo podrido.

Sus adláteres explicaron que el Gobernador anda en cosas grandes y no tiene tiempo para controlar vida y obra de sus funcionarios, aún cuando el funcionario en cuestión funcionaba en nombre del Gobernador y, según dicen, muchas veces en vez de él.

Peppo prejuzgó a Horacio: “No vamos a permitir corrupción”, dijo, mientras remarcaba que su gobierno era tan honesto que decidió no llamar a la juez y al fiscal para parar todo, a pesar de considerarlos “accesibles” y conocer de antemano lo que se venía.

Habían aparecido fundaciones fundadas para pautar y empresas que facturaron al Estado desde hospitales hasta biromes y otras que facturaban sin siquiera simular prestar servicios. Se repitieron nombres propios y de fantasía en combinaciones de todo tipo.

Envalentonado, prometió una Oficina Anticorrupción y un sistema que garantice la administración transparente y equitativa de la pauta, pero no cumplió sus promesas; tampoco desempolvó los proyectos de “ley de pauta” que llevan años dando vueltas.

La pauta sigue distribuyéndose arbitraria y discrecionalmente, de manera directamente proporcional a la difusión del mejor perfil de la gestión, e inversamente proporcional a la publicación de matices que afecten esa imagen.

Con Horacio fuera de juego, la Justicia provincial irrumpió en la escena gracias a las pruebas colectadas por la Federal y se quedó con la competencia de la fundamental investigación de los “delitos precedentes”, el germen del delito de “lavado”.

Hasta ahí, la Justicia provincial sólo había mostrado reflejos en la campaña de 2015, a instancias del gobierno de Jorge Capitanich, para desmentir a un dirigente indígena que en el programa de Jorge Lanata denunció que en el barrio Toba compraban votos con porros.

Entonces, en tres días, con el procurador adjunto Miguel Fonteina como vocero, se declaró al barrió “libre de drogas” y la semana siguiente asesinaron a un tipo en plena calle en un ajuste de cuentas narco y diez días después a otro.

“Está todo arreglado”, se dijo en aquel caso como en éste.

Esta vez el procurador general Jorge Canteros admitió la complejidad de la causa y designó un equipo fiscal especial integrado por Lucio Otero, Graciela Griffith Barreto y Nélida Villalba, que detuvo a Horacio Rey que el último sábado cumplió un año de cárcel.

Tras el desfile de funcionarios de todos los rangos y empresarios dudosos pero casualmente amigos, en el aniversario de los primeros allanamientos, el equipo fiscal formalizó el requerimiento de elevación a juicio oral.

Al cabo de un año la Justicia provincial y la federal debieron llegar al mismo punto. Sin embargo, comparten sólo una faz de la lista de imputados, procesados y detenidos. La otra no existe para la provincial y es inaccesible para la federal.

¿Por qué Peppo despojó a Horacio Rey de los fueros y de todo, mandándolo en cana, mientras aseguró fueros, abogados, diputados y operadores, y asumió personalmente la defensa de otros funcionarios tan presumiblemente inocentes como él?

El objetivo era detonar un fusible y que el apagón no afecte la “institucionalidad” (eufemismo que refiere a Peppo), y cauterizar la causa circunscribiendo lo turbio a la pauta que desde siempre se presume turbia pero que es aceptada con defectos y virtudes.

Hace unas horas, cuando la Justicia provincial se creyó al fin redimida de la mala prensa, escuchamos al procurador Canteros tranquilizar paternalmente y aconsejar profesionalmente, vía WhatsApp, a Eduardo Molina: vicepresidente de la Fiduciaria del Norte, organismo responsable del Fideicomiso de Administración de Pauta Publicitaria Oficial (Fappo), disculpándose por la decisión de “este chico”: el fiscal Otero, que no resistió “la presión de dos o tres medios”, y se cortó solo, lo imputó y llamó a declarar cuando “ya estaba arreglado” cerrar todo y esperar el juicio.

Siempre se sospechó de un plan para dar vueltas en círculo y minimizar los delitos precedentes hasta tornarlos imperceptibles y, como “muerto el perro se acaba la rabia”, arrastrar con eso los fundamentos del lavado de activos que persigue la Justicia federal.

Todavía sonaba el mensajito cuando Canteros y el Gobernador se sentaron codo a codo en el acto oficial de apertura del año judicial, como si nada. En el afán por disipar dudas las confirmaron: siempre hubo algo escondido. Pero el as en la manga se volvió culo sucio.

Sobreseer a todos en campaña era lo ideal; en caso contrario el juicio debía caer lejos de las elecciones. Pero el plan podía fallar, y falló: la idea de hacer saltar un tapón ahora amenaza seriamente al transformador.

 

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