Cuesta denunció 600 “ñoquis” y alertó sobre acoso laboral y sexual en la Legislatura

Dijo que el área de Violencia Institucional fue creada para frenar y sancionar a quienes hacían “uso y abuso” de poder. Habló de “hijos de” y desafió a los diputados a ponerle nombre y apellido a los que no trabajan.

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La presidente de la Cámara: Élida Cuesta denunció agresiones por su rechazo a la modificación del cálculo de haberes legislativos.

La presidente de la Cámara de Diputados: Élida Cuesta, alertó sobre las consecuencias presupuestarias de modificar la base de cálculo de haberes del personal legislativo, una iniciativa de las radicales Irene Dumrauf y Carina Batalla, que finalmente fue aprobada.

Para Cuesta, no hay manera de hacer frente al incremento salarial que representará la norma ya que no fue contemplado al definir el presupuesto anual. Y, en cambio, abogó por medidas que recompongan el salario, muchas de las cuales aseguró que ya se están implementando.

Por oponerse a esta modificación, dijo haber sufrido ataques, burlas y hasta amenazas, pero desligó de estas actitudes a las autoras del proyecto y apuntó en cambio a un grupo de agentes partidarios suyos, aunque de otra línea interna: “Se juntaron para impulsar la candidatura de otro dirigente y terminaron hablando de mí”.

“Dijeron que se me van a caer los ovarios, pero que esta batalla la iban a ganar. Parece que creen que es más fácil atacar a una mujer, porque yo ni siquiera son candidata, el candidato es mi marido, pero de él no se animaron a decir nada”, dijo asegurando contar con grabaciones que avalan sus dichos.

Durante su exposición reparó en varias oportunidades burlas y risas sardónicas desde un grupo de empleados legislativos que seguía la sesión desde la “pecera”, como se conoce al espacio destinado al público.

En este marco, la diputada denunció una serie de cuestiones vinculadas relacionadas con el personal. “Hay 600 agentes que nadie sabe dónde están, que no firman asistencia y cobran porque el diputado les certifica”, dijo.

“Hay hijos de…, hermanos de…, maridos de…, que prestaron servicio unos meses en un lugar y rápidamente fueron afectados a los bloques o a algún diputado”, dijo apuntando al nepotismo y a cierto tráfico de influencias.

“Me gustaría tener el acompañamiento de todos los legisladores para ponerle nombre y apellido a los que no vienen a trabajar, y que los 32 nos pongamos firmes y dejemos de certificar”, propuso.

“Si hoy nos tildan de ñoquis es porque acá hay ñoquis. Hay mucha gente que no cumple ninguna función”, disparó.

Por eso dijo que al asumir su gestión encaró “políticas de Estado para mejorar la situación y premiar a quienes verdaderamente trabajan”, reconociendo funciones y creando bonificaciones para los sectores más desfavorecidos de la escala.

Pero el tono de su crítica cambió notoriamente cuando resaltó la apertura de la Oficina Contra la violencia institucional. “Lo hicimos por la gran cantidad de denuncias de acoso laboral y sexual que había en esta Cámara, y nadie hacía nada”, dijo.

Y apuntó a “muchos directores que haciendo uso y abuso del lugar en el que estaban querían corromper a compañeras y compañeros, y muchos se callaron”. Y también señaló a trabajadoras “hijas de” que aprovechando esa condición “maltratan a sus propias compañeras”.

E invitó a los diputados a interiorizarse por las estadísticas y las denuncias de acoso y violencia radicadas en esa área.

Para completar, subrayó que los trabajadores no sólo sufren el desfasaje entre el salario y la inflación, sino también las condiciones de insalubridad en las que deben desempeñarse a diario, y cuestionó que “no haya el mismo interés para avanzar en la construcción del edificio propio”, dejando pendiente la preadjudicación de la obra que pretendía que fuera aprobada en esa misma sesión.

“Si hablamos de sinceramiento, no tenemos que olvidarnos de todo esto”, remató.

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