Aburridísimo: ni los ministros siguieron el discurso de Capitanich en la Legislatura

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Capitanich sólo pudo entusiarmas a 2 espectadores con su discurso en la Legislatura.

Seguir atentamente un discurso del gobernador Jorge Capitanich no es para cualquiera. Su bien ganada fama de extenderse más allá de los límites temporales imaginables, de redundar y abundar en cifras incomprobables le juega en contra.

Hoy tuvo otra oportunidad: la apertura del período de sesiones ordinarias de la Cámara de Diputados de la Provincia.

Pero, contra todos los pronósticos, esta vez su performance no sólo no tuvo la efusividad y hasta vehemencia de oportunidades anteriores, sino que tampoco se ajustó a su estilo de extenderse hasta el cansancio.

Incluso pudo haber sido más breve, ya que la mayor parte del escrito, referida a “los derechos” que promete garantizar y “las políticas” de su plan de gobierno para lograrlo, ya había sido vastamente difundida oportunamente por la prensa oficial y los medios de comunicación.

Quizás la modalidad combinada virtual-presencial lo desincentivó.

Por las medidas de bioseguridad impuestas contra la pandemia de coronavirus, sólo se permitió el ingreso al recinto de los legisladores, la vicegobernadora Analía Rach Suiroga, y la jueza del STJ María Valle en representación del Poder Judicial.

El resto de los invitados debían seguir la transmisión remotamente a través de plataformas, el sitio de la Legislatura o medios de comunicación.

Para asegurarse audiencia, Capitanich promocionó insistentemente su discurso a través de las redes sociales, pero no logró entusiasmar a sus seguidores.

Sólo en Tuiter lo siguen 255.100 usuarios, pero su intervención sólo sumó un puñado de espectadores. Si bien hubo picos de hasta 23, la mayor parte del tiempo no llegó a las 2 cifras y terminó con 2 (1 corresponde a la Redacción de HDP Noticias). Ergo: 0,0007 por ciento.

Lo llamativo es que ni su propio gabinete le hizo el aguante, ya que, aún cuando hubieran participado por Zoom o alguna otra alternativa, no les costaba nada compartir RT la transmisión o, al menos, dejar el teléfono abierto.

Y no es todo: varios de ellos pasaron una hora y media sin pestañear, cualquier malpensado diría que congelaron la imagen y salieron a pasear.

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