¡25 de mayo!

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Por Mariano Sebastián Moro |

El 25 de mayo nos trae numerosos recuerdos, en principio nos recuerda nuestra propia infancia, un sentimiento en el pecho donde con orgullo llevamos la escarapela, pero también nos recuerda que fuimos esclavos, fuimos víctima del despotismo, de una visión que nosotros mismos sostuvimos en un comienzo. La sostuvimos porque no conocíamos alternativa y nos costó un largo camino de luchas externas e internas, fratricidas, entender lo que nos pasaba y hacia donde queríamos ir, fenómeno que no es exclusivo de los siglos pasados sino que aun hoy nos afecta.

Podríamos decir que la corrupción es congénita en la Argentina. Que, efectivamente, ya estaba instaurada antes de su nacimiento y que, generalmente, venía vinculada al proteccionismo. España cerró el comercio para beneficio propio, cooptando el mercado para sí, impidiendo el comercio con cualquier otra potencia, imponiendo el atraso y el aislacionismo, económico y cultural entre otros aspectos.

Cuando el Virrey Cisneros decreto la libertad de comercio en 1809, los comerciantes locales que se beneficiaban con el contrabando presionaron para que reponga la prohibición de comerciar con terceras potencias, para mantener su parte de ganancia espuria a costa del beneficio del pueblo.

Con el régimen de sustitución de importaciones desde 1930 en adelante se instauraron nuevamente esquemas proteccionistas que concluyeron con el ingreso de capitales multinacionales al país, los que cooptaron el esquema de industrial. Esto, unido a grupos económicos locales, generó un núcleo de poder económico que se prolongó en el tiempo y determinó la suerte política, operando tras bambalinas,  apoyando a sectores militares y civiles con los sucesivos golpes de estado que pusieron al país en el oscurantismo del cual nos cuesta salir.

Como si fuera poco, en la última década vimos lo que significó una nueva etapa de proteccionismo y cierre de la economía con la destrucción de los sectores productores primarios, que sostuvieron a costo de sangre el inmenso gasto público por no decir la expoliación del estado con esquemas de corrupción nunca vistos. Esto fue agravado por la total ineficiencia en la gestión, que concluyó con el ataque directo a la gallina de los huevos de oro, el sector agropecuario, sin mencionar al ganadero prácticamente desaparecido, una industria inexistente y el crecimiento exponencial del empleo público con una economía basada en el consumo y sin crecimiento económico.

Hoy estamos en una nueve etapa, con mucho esfuerzo los argentinos estamos recomponiendo el dañado entramado social y económico y es el espíritu del 25 de mayo el que nos muestra el rumbo, el espíritu de Mariano Moreno, de Cornelio Saavedra, de Juan José Paso, de French y Berti y tantos otros que no sabiendo bien que hacer tuvieron que inventar un camino, y lo que sí sabían es que este camino tenía que ser transitado no solo por algunos, sino por todos quienes habitamos estas tierras, y empezaron este derrotero legándonos la consigna.

En un mundo con graves inconsistencias y contradicciones aun marchamos y marchamos juntos, como dijera Ernesto Sábado en Sobre Héroes y Tumbas: “Un pacto viril entre derrotados”. Es nuestra la responsabilidad de superar nuestras propias incapacidades, de aprender de los golpes del pasado, de entender que argentinos somos todos los que habitamos este querido suelo y nos debemos a quienes aún no están, a quienes vienen en camino, a nuestros hijos y nietos, tenemos una responsabilidad indelegable de construir entre todos un país mejor,  en el que sus ciudadanos se respeten, respeten las leyes, el estado de derecho, que es el único medio conocido para garantizar la justicia.

Los atajos no nos han servido en el pasado, las visiones mesiánicas tampoco, el camino es entender que la verdad no la tiene uno, ni unos cuantos, sino que está en la estricta vigencia del estado de derecho. Este estado que garantiza la libertad de pensamiento e impone la obligación de respetar al otro, de respetar las instituciones, que impone la obligación de los gobernantes de turno a no apropiarse del estado porque son servidores del pueblo y tienen la obligación de rendir cuentas de sus actos.

Esto no es espontáneo, tenemos que trabajar para formarnos en los valores democráticos, y esto se logra con mucho esfuerzo diario, con cada actitud personal, con cada gesto, con cada ejemplo que damos a nuestros hijos, a nuestro vecinos, a nuestros mayores. Se lo debemos a quienes vienen después de nosotros y en honor a quienes estuvieron antes y que equivocados o no lucharon por un país mejor.

¡Feliz 25 de mayo!

 

 

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